Renovación

feb 15th, 2011 by admin in Uncategorized
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Cuando tenemos la ventura de acercarnos al ideal sublime que nos hace sentir en el camino de la verdad y el progreso espiritual, experimentamos un gran alivio, la búsqueda parece que ha terminado, por fin sabemos por dónde hay que ir. Todas las respuestas aparecen ante nosotros despejando las incógnitas que durante largo tiempo nos acompañaban. Ante esta perspectiva nuestro impulso es el de llevar este ideal a todo el mundo, queremos compartirlo y difundirlo, tarea noble esta, pero bien antes deberíamos hacer ciertas reflexiones que nos llevaran a pensar el por qué ahora y no antes nos llegó esta valiosa información. Quizá hasta el momento no estábamos preparados, quizá el tiempo que llegó para unos no lo ha hecho para otros, pero de lo que podemos estar seguros es que el contacto con la verdad no nos hace poseedores de ella y que para participar de ésta debemos de empezar un  proceso de renovación que nos implique en aquello que nos ha dado la dicha con tan sólo su roce. Escuchemos las elucidaciones  de Emmanuel al respecto y pongamos en práctica la consecuencia que se deriva de este despertar para luego transmitirlo con la máxima conciencia y plenitud:

“Las revelaciones de los espíritus nos invitan naturalmente a buscar ideales más elevados, propósitos más edificantes.
Para las inteligencias que estén realmente dispuestas a renunciar a sus procederes instintivos, son el sublime incentivo para la renovación interior, con la que modifican en consecuencia, la estructura fluídica del ambiente mental que le es propio.
Si la civilización exige el desmonte de la selva virgen para que las ciudades urbanizadas se levanten sobre el suelo y para que las amplias carreteras se extiendan soberanas, del mismo modo en relación con el crecimiento espiritual, es indispensable eliminar todos los obstáculos, a costa del sacrificio de quienes se consagran al apostolado del progreso.
Si la consideramos mentalmente la Humanidad actual es todavía, en su aspecto colectivo, un oscuro bosque poblado de monstruosidades.
Si en los fundamentos evolutivos de la organización planetaria encontramos a los animales prehistóricos, ofreciendo el predominio del peso y la ferocidad por sobre cualquier otra característica, en los cimientos  de la civilización del espíritu todavía persisten los grandes monstruos del  pensamiento, constituidos por energías fluídicas emanadas  de los centros de inteligencia que les dan origen.
Tenemos así, dominando aún la formación sentimental del mundo, los mamuts de la ignorancia, los megaterios de la usura, iguanodontes de la vanidad o los dinosaurios de la venganza, la barbarie, la envidia o la ira.
Las energías mentales de los habitantes de la Tierra tejen el envoltorio que los retiene en la superficie del Globo.  Raros son aquellos cuya mente puede horadar el techo sombrío de su templo íntimo, con los rayos de luz de los sentimientos sublimados que lo iluminan.
El pensamiento es el generador de los infracorpúsculos o de las líneas de fuerza del mundo subatómico, creador también de las corrientes mentales del bien o del mal, la grandeza o la decadencia, la vida o la muerte, según la voluntad que lo exterioriza y dirige. Y la morada de los hombres aún está sumergida en fluidos o en pensamientos vivos y semicondensados de estrechez espiritual, brutalidad, angustia, incomprensión, rudeza, pereza, mala voluntad, egoísmo, injusticia, crueldad, separatismo, discordia, indiferencia, odio, sombra y miseria…
Sin embargo, con la demostración de la supervivencia del alma, la conciencia humana adquiere dominio sobre las tinieblas del instinto y controla la corriente de los deseos e impulsos, con lo que rescata así las aspiraciones dela criatura para niveles más altos.
Los corazones que han despertado a la verdad comienzan a entender las líneas eternas de la justicia y el bien. La voz de Cristo es escuchada con una nueva expresión, en la más profunda acústica del alma.
Quien despierta se transforma en un punto de luz, en la densa cerrazón de la Humanidad, y pasa a producir fluidos o fuerzas de regeneración y redención que iluminan el plano mental de la Tierra, para conquistar la vida cósmica en el gran futuro.
En verdad, pues, noble es la misión del Espiritismo, que revela la grandeza de la universalidad divina a la estrecha visión terrestre; no obstante, mucho mayor y mucho más sublime es la misión de nuestro ideal santificante con Jesús, para el engrandecimiento de la propia Tierra, a fin de que el planeta se eleve al Reino del Amor Universal.”

Renovación    (Derrotero, dictado por Emmanuel a Francisco C. Xavier)

Enviado por Rosa Mª Pérez Duque

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