Los fluídos- El Magnetismo

may 30th, 2011 by admin in León Denis
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El mundo de los flúidos, que se entrevé más allá del estado radiante, reserva a la ciencia muchas sorpresas y descubrimientos. Innumerables son las variedades de formas que la materia, tornada sutil, puede revestir por las necesidades de una vida superior.
Ya muchos observadores saben que fuera de nuestras percepciones, más allá del velo opaco que nuestra espesa constitución despliega como una niebla a nuestro alrededor, existe otro mundo, no ya el de lo infinitamente pequeño, sino un universo fluídico que nos envuelve, todo él poblado de multitudes invisibles.
Seres sobrehumanos- mas no sobrenaturales- viven a nuestro lado, mudos testigos de nuestra existencia, y sólo manifiestan la suya en condiciones determinadas, bajo la acción de leyes, naturales, precisas, rigurosas.  Importa penetrar el secreto de estas leyes, pues de su conocimiento dependerá para el hombre la posesión de las fuerzas considerables cuya utilización práctica puede trasformar la faz de la tierra en el orden de las sociedades. Tal es el dominio de la psicología experimental- alguno dirán de las ciencias ocultas, ciencias que son viejas como el mundo.
Ya hemos hablado de los prodigios realizados en los lugares sagrados de la India, del Egipto y de Grecia. No entra en nuestro plan volver sobre el asunto, pero constituye una cuestión anexa a éste y que no podríamos pasar en silencio, la del magnetismo.
El magnetismo, estudiado y practicado en secreto en todas las épocas de la historia, se vulgarizó,sobre todo, desde fines del siglo XVIII. Las academias docentes lo acogen aún con recelo, y con el nombre de hipnotismo, los maestros de la ciencia tuvieron a bien descubrirlo, un siglo después de su aparición.
” El hipnotismo-ha dicho el Coronel de Rochas-, hasta ahora lo único estudiado oficialmente, no es más que el vestíbulo de un vasto y maravilloso edificio ya explorado en gran parte por los antiguos magnetizadores”.
La lástima es que los sabios oficiales- casi todos los médicos- que se ocupan del magnetismo, o, como ellos mismos dicen, de hipnotismo no experimentan generalmente más que en sujetos enfermos, en los acogidos en los hospitales. La irritación nerviosa y las afecciones morbosas de estos sujetos no permiten obtener más que fenómenos incoherentes e incompletos.
Algunos sabios parecen temer que el estudio de estos mismos fenómenos, obtenidos en condiciones normales, no proporcione la prueba de la existencia del principio anímico en el hombre. Esto es, por lo menos, lo que se deduce de los comentarios del doctor Charcot, cuya competencia no se negará.
“El hipnotismo-decía- es un mundo en el cual se encuentran, al lado de hechos palpables, materiales y groseros, que corren parejas siempre con la fisiología, hechos absolutamente extraordinarios, inexplicables hasta ahora, que no responde a ninguna ley fisiológica y completamente extraños y sorprendentes. Me atengo a los primeros y dejo a un lado los segundos”.
Así, pues, los médicos más celebres confiesan que esta cuestión está aún para ellos llena de oscuridad. En sus investigaciones, se limitan a las observaciones superficiales y desdeñan los hechos que podrían conducirles directamente a la solución del problema. La ciencia materialista vacila si debe aventurarse por el terreno de la psicología experimental; comprende que se encontraría en presencia de las fuerzas psíquicas, del alma, en una palabra, cuya existencia ha negado con tanta obstinación.
Sea como sea, el magnetismo, después de haber sido rechazado durante mucho tiempo por las corporaciones docentes, comienza, bajo otro nombre, a llamar su atención. Pero los resultados serían más fecundos si, en lugar de operar en histéricos, se experimentase en sujetos sanos y fuertes. El sueño magnético desarrolla en los sujetos lúcidos facultades nuevas, un poder de percepción incalculable. El fenómeno más notable es el de la visión a gran distancia, sin el auxilio de los ojos. Un sonámbulo puede andar por la oscuridad, leer y escribir con los ojos cerrados, entregarse a los trabajos más delicados y más complicados.
Otros sujetos ven en el interior del cuerpo humano, disciernen sobre sus males y las causas que los producen, leen el pensamiento en el cerebro, penetran, sin el auxilio de los sentidos, en los dominios más ocultos y llegan hasta el umbral de otro mundo. Escrutan los misterios de la vida fluídica, entran en relaciones con seres invisibles de que hemos hablado y nos trasmiten sus opiniones y sus enseñanzas. Más adelante insistiremos en este punto: pero, desde ahora, podemos considerar como establecido el hecho que se deduce de las experiencias de Puységur, Deleuza, Du Potet y de sus innumerables discípulos: el sueño magnético, inmovilizando el cuerpo y aniquilando los sentidos, devuelve al ser psíquico a la libertad, centuplica sus medios íntimos de percepción y le hacen entrar en un mundo cerrado para los seres corporales.
Este ser psíquico que durante el sueño, ve, piensa, obra fuera del cuerpo; que afirma su personalidad independiente con una manera de ver y con unos conocimientos superiores a los poseídos en estado de vigilia, ¿qué es, sino el alma misma, revestida de forma fluídica? El alma, que no es una resultante de las fuerzas vitales, del juego de los órganos, sino una causa libre, una voluntad activa, separada momentáneamente de su prisión, cerniéndose sobre la naturaleza entera y gozando de la integralidad de sus facultades innatas. Así, pues, los fenómenos magnéticos hacen evidentes, no soló la existencia del alma, sino también su inmortalidad, pues si, durante la existencia corpórea, esta alma se libera de su envoltura grosera y ve y piensa fuera de ella, con mayor razón recobrará después de su muerte la plenitud de su libertad.
La ciencia del magnetismo pone al hombre en posesión de maravillosos recursos. La acción de los flúidos sobre el cuerpo humano es inmensa; sus propiedades son múltiples y variadas. Numerosos hechos  han probado que con su ayuda se pueden aliviar los sufrimientos más crueles. Los grandes misioneros, ¿no curaban con la imposición de las manos? Ahí esta todo el secreto de sus supuestos milagros. Los flúidos, obedeciendo a una poderosa voluntad, a un ardiente deseo de hacer el bien, penetran en todos los organismos débiles y devuelven gradualmente el vigor a los endebles y la salud a los enfermos.
Se puede objetar que una legión de charlatanes abusa, para explotarla, de la credulidad y de la ignorancia del público atribuyéndose un poder magnético imaginario. Estos hechos lamentables son la consecuencia inevitable del estado de inferioridad moral de la humanidad. Una cosa nos consuela de ello: la certidumbre de que no es un hombre animado por una simpatía profunda hacia los desheredados, de un verdadero amor a los que sufren, quien no puede consolar a sus semejantes con una práctica sincera y esclarecida del magnetismo.

CAPITULO INCLUIDO EN EL LIBRO DE LEÓN DENIS “DESPUES DE LA MUERTE” 1890.

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