Con la palabra….

nov 9th, 2011 by admin in León Denis
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CON LA PALABRA… Al final de la década de los 70, estuvo en nuestra región el nostálgico poeta paraibano Euricledes Formiga, para un ciclo de conferencias. Durante su exposición, en la ciudad de Jaguapitâ, por varias veces citó hechos pintorescos de la vida de Chico Xavier, enriqueciendo mucho su mensaje. Pero fue cuando él se reportó a la figura del discípulo de Emmanuel predicando el Evangelio para los humildes, debajo de un aguacate, que, sin ninguna duda, emocionó a todos.

Sigue el registro de aquel momento.

EN EL AGUACATERO

Dice Formiga:

Hay un punto en Uberaba (ciertamente muchos de los hermanos aquí conocen) que es el famoso Aguacate, donde Chico iba a predicar el Evangelio los sábados.

¡Aquellas peregrinaciones maravillosas, con aquella humildad, con aquella pureza toda de Chico! Él abre el Evangelio, diserta un tema evangélico, debajo de aquel árbol… y aquella multitud de hambrientos espirituales, hambrientos de consuelo, de bienestar, de paz, de fortalecimiento en sus duras pruebas de miseria en que se encuentran…

Y la palabra de Chico brotando como agua limpia de una fuerte, quitando la sed a aquellas almas del camino.

Un día Chico contó una cosa maravillosa dentro de este contexto, que es la exposición informal que yo estoy haciendo aquí.

El dijo lo siguiente…

EL SABIO Y EL ESCORPIÓN

(LA INDULGENCIA)

“Cierta vez, en India, un sabio pasaba, con su discípulo, al margen del Río Ganges, cuando vio un escorpión que se ahogaba. Él entonces corrió y, con la mano, retiró el bichito y lo trajo a la tierra firme.

En aquel instante, el escorpión lo picó… Dicen que es un dolor terrible… Se hinchó la mano del sabio.

Así que él lo colocó en el suelo, pacientemente, el escorpión volvió para el agua. Y él, con la mano ya hinchada, bajo aquellos dolores violentos, va y lo retira nuevamente.

Y el discípulo observando…

En una tercera vez en que él trae el escorpión, ya con la mano bastante hinchada y los dolores violentos, él lo pone más distante, en tierra. Ahí, el discípulo ya no soporta más aquello y dice:

- Maestro, yo no estoy entendiendo… Este bicho… Es la tercera vez que el señor va a retirarlo del agua y él pica su mano de esa manera. ¡El señor debe estar sufriendo dolores terribles!…

Y él, con la fisonomía plácida de las almas que conocen el secreto del bien, de aquellos que ya realmente conquistaron un territorio de amor y renuncia en el corazón, que tienen la visión de las verdades celestes, se vuelve para el discípulo y dice:

- “¡Hijo mío, por ahora, la naturaleza de el es picar, pero la mía es salvar!”

Libro:  Un Minuto Con Chico Xavier

José Antônio Vieira de Paula

Casa Editora Espírita Pierre-Paul Didier

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