Autodescubrimiento por Joanna de Ángelis

ene 31st, 2012 by admin in León Denis
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Mucho antes de la valiosa contribución de los psiquiatras y psicólogos humanistas y Transpersonales, como Kübles-Ross, Grof, Raymond Moody Júnior, Maslow, Tart, Víctor Frankl, Goleman y otros, que pusieron el alma como base de los fenómenos humanos, la psicología espírita demostró que, sin una visión espiritual de la existencia física, la propia vida permanecería sin sentido o significado. La reducción, en psicología, vuelve al ser humano un montón de células bajo la dirección del sistema nervioso central, víctima por los factores de la herencia y por los caprichos aberrantes del acaso.

La salud y la dolencia, la felicidad y la desdicha, la genialidad y las patologías mentales, limitadoras y crueles, no pasan de ocurrencias estúpidas de la eventualidad genética.

Considerándolo así, el ser humano comenzaría en la concepción y se anularía en la muerte, un periodo muy breve para el trabajo que la Naturaleza aplicó más de dos billones de años, aglutinando y perfeccionando moléculas, que se transformaron en un código biológico fatalista…

Por otro lado, la ingeniería genética actual, aliándose a la biología molecular, comienza a detectar la energía como factor causal para la construcción del individuo, que pasa a ser heredero de sí mismo, en los avanzados procesos de las experiencias de la evolución.

Los conceptos materialistas, de ese modo, aferrados al mecanismo fatalista, ceden lugar a una concepción espiritualista para la criatura humana, liberándola de las pasiones animales y de los atavismos que aun le son predominantes.

Innegablemente, Freud y Jung enseñaron una visión más profunda del ser humano con el descubrimiento y estudio del inconsciente, así como de los arquetipos, respectivamente, constatando la realidad del Espíritu, como explicación para los comportamientos variados de los diferentes individuos; procedentes del mismo árbol genético, ellos se presentan fisiológica y psicológicamente opuestos, bien y mal dotados, con equipos de salud y de desconcierto.

No nos atrevemos a negar los factores hereditarios, sociales y familiares en la formación de la personalidad de la criatura. No obstante, el retraso que de ellos derivan de necesidades de la evolución, que imponen la reencarnación en el lugar adecuado, entre aquellos que propician los recursos compatibles para el trabajo de auto-iluminación, de crecimiento interior.

El hogar ejerce, sin cualquier duda, como ocurre con el ambiente social, significativa  influencia en el ser, cuyos tributos serán el equilibrio o el desorden moral, la armonía física o psíquica correspondiente al estado evolutivo en el cual se encuentra.

La necesidad, por tanto, del auto-descubrimiento, en una panorámica racional se vuelve improrrogable, a fin de favorecer la recuperación, cuando en estado de desarmonía, o el crecimiento, se es portador de valores intrínsecos latentes. En cuanto no se conciencie de las propias posibilidades, el individuo se aturde en conflictos de naturaleza destructiva, o huye espectacularmente para estados depresivos, sumergiéndose en psicosis de variado orden, que lo dominan y no hacen viable su evolución, por lo menos momentáneamente.

La experiencia del auto descubrimiento le faculta identificar los límites y las dependencias, las aspiraciones verdaderas y las falsas, los embustes del ego y las imposturas de la ilusión.

Le restan en el comportamiento, como herencia de las cimas ya vencidos por la evolución, la dualidad del negativismo y del positivismo delante de las decisiones a tomar.

No identificado con los propósitos de la finalidad superior de la Vida, en cuanto es invitado a la liberación de los vicios y pasiones perturbadores, de las aflicciones y tendencias destructivas, esa dualidad de lo negativo y de lo positivo se le diseña en el pensamiento, dificultándole la decisión.

Es común, entonces, el asalto mental por la duda: ¿Esto o aquello? La definición se hace con inseguridad y el asalto para la ejecución del propósito nuevo disminuye o desaparece en base a las continuas inseguridades.

Se hace imprescindible algunos requisitos para que sea logrado el auto-descubrimiento con la finalidad de bienestar y de plenos logros, a saber: insatisfacción por lo que se es, o se posee o cómo se encuentra; deseo sincero de cambios; persistencia en el intento; disposición para aceptarse y vencerse; capacidad para crecer emocionalmente.

Porque se desconoce, víctimas por herencias ancestrales – de otras reencarnaciones -,de castraciones domésticas, de fobias que prevalecen de la infancia, por la falta de madurez psicológica y otras, el individuo permanece frágil, susceptible a los estímulos negativos, por falta de auto-estima, de auto-respeto, dominado por los complejos de inferioridad y por la timidez, refugiándose en la inseguridad y padeciendo aflicciones perfectamente superables, que le cumple superar mediante un cuidadoso programa de discernimiento de los objetivos de la vida y por el empeño en vivirlo.

Inadvertidamente o por comodidad, la mayoría de las personas acepta y se somete a lo que podría cambiar a beneficio propio, auto castigándose, y creyendo merecer el sufrimiento y la infelicidad con que se ve enfrentados, cuando el propósito de la Divinidad para con sus criaturas es la plenitud, es la perfección.

Dominado por la conducta infantil de los premios y de los castigos, el individuo no madura el yo profundo, continuando bajo el yugo de los caprichos del ego, confundiendo resignación con la indiferencia por la propia realización del hecho – dolor sin rebeldía, sin embargo actuando para erradicarla.

Liberándose de las imágenes erróneas a respecto de la vida, el ser debe asumir la realidad del proceso de la evolución y vencerse, superando los hechos de perturbación y de destrucción.

Al presentar nuestro libro a los interesados en la explicación de sí mismo, intentamos colocar puentes entre los mecanismos de las psicologías humanista y transpersonal con la Doctrina Espírita, que las ilumina y completa, así cooperando de alguna forma con aquellos que se empeñan en la búsqueda interior, en el auto descubrimiento.

No nos facultamos la ilusión de considerar nuestro trabajo más que un simple ensayo sobre el asunto, con un elenco amplio de temas compilados en el pensamiento de los eméritos del alma y con nuestra contribución personal.

Una centella puede encender un incendio.

Una brazada de luz abre una brecha en las tinieblas.

Una gota de bálsamo suaviza la aflicción.

Una palabra sabia guía una vida.

Un gesto de amor inspira esperanza y da paz.

Esta es una pequeña contribución que dirigimos a los que sinceramente se buscan, teniendo a Jesús como Modelo y Terapia Superior para los problemas del cuerpo, de la mente y del espíritu.

Rogando excusas por su sencillez, permanecemos confiados en los resultados felices de aquellos que intentan el auto-descubrimiento, avanzando en paz.

(Del libro Auto-descubrimiento – Una búsqueda interior por Joanna de Ângelis/Divaldo P. Franco

Enviado por Isabel

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