La astrofísica y el espíritu

mar 29th, 2012 by admin in León Denis
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“Decir que vivimos en un mundo material, hoy en día es simplemente una forma de expresión, pues vivimos en un mundo eminentemente energético.”

La Teoría-M, viene de frente con la existencia de una partícula divina conciencial en el final de la escala de las partículas subatómicas. Esta está en constante perfeccionamiento, afirmando que los quarks, la más ínfima partícula subatómica conocida hasta el momento, estarían unidos entre sí por supercuerdas que, de acuerdo con su vibración, darían la “tonalidad” específica al núcleo atómico a que pertenecen, dando así las cualidades físico-químicas de la partícula en cuestión.

Querer imaginarlas traduce un enorme esfuerzo mental, para tener una idea: el planeta Tierra es de diez a veinte órdenes en grandeza más pequeño que el universo, y el núcleo atómico es de diez a veinte órdenes de grandeza más pequeño que la Tierra. Pues bien, una supercuerda es diez a veinte órdenes más pequeña de lo que es el núcleo atómico.

El profesor Rivail, esclarece en El Libro de los Espíritus (1):

30. ¿La materia está formada de uno o de muchos elementos?

- De un sólo elemento primitivo. Los cuerpos que consideráis simples no son verdaderos elementos, son transformaciones de la materia primitiva.

O sea, es la vibración de esas infinitesimales cuerdecitas las responsables por las características del átomo a que pertenecen. Conforme vibren esas darían origen a un átomo de hidrogeno, helio y así sucesivamente, que a su vez, agregados en moléculas, dan origen a compuestos específicos  cada vez más complejos, llevándonos a por lo menos 11 dimensiones.

Corrobora Allan Kardec en El Libro de los Espíritus (1):

79. ¿Pues qué hay dos elementos generales en el Universo: el elemento inteligente y el elemento material, se podrá decir que los Espíritus están formados del elemento inteligente, como los cuerpos inertes lo son del elemento material?

- Evidentemente. Los Espíritus son la individualización del principio inteligente, como los cuerpos son la individualización del principio material.

64. Vimos que el Espíritu y la materia son dos elementos constitutivos del Universo. ¿El principio vital será un tercero??

- Es, sin duda, uno de los elementos necesarios de la constitución del Universo, pero que también tiene su origen en la materia universal modificada. Es, para vosotros, un elemento, como el oxigeno y el hidrógeno que, mientras tanto, no son elementos primitivos, pues todo eso deriva de un solo principio.

Esa teoría trae la ilación de que tal tonalidad vibratoria fundamentada es dada por algo, de donde abstraemos la “conciencia” o espíritu como el factor propulsor de esas cuerdas quánticas. Siendo así, aún nos hace pensar en una unidad conciencial vibrando a partir de cada ser. Completa Kardec en El Libro de los Espíritus (1):

615. ¿Es eterna la ley de Dios

- Eterna e inmutable como el propio Dios.

621. ¿Dónde está escrita la ley de Dios? -

- En la conciencia.

Siguiendo esta teoría y abarcando la idea lanzada por André Luiz en Evolución en Dos Mundos (3), donde somos co-creadores de esa conciencia universal, y cada vez más responsables por dirigir el estado vibracional de nuestras propias cuerdecitas en la medida que de ellas nos concienciamos, llegaremos a la armonía perfecta cuando realmente entremos en sintonía con la conciencia generadora que está en nosotros – espíritu, y también en el todo, vulgarmente conocida por Dios, o como algunos físicos teóricos sustentan “El Supremo Agente Estructurador”.

Nos socorremos nuevamente del Codificador en El Libro de los Espíritus (1):

5. ¿Qué deducción se puede sacar del sentimiento instintivo, que todos los hombres traen en sí, de la existencia de Dios?

- La de que Dios existe; pues, ¿de dónde les vendría ese sentimiento, si no tuviese una base?

7. ¿Se podría encontrar en las propiedades íntimas de la materia la causa primaria de la formación de las cosas?

- Pero, entonces, ¿cuál sería la causa de esas propiedades? Es indispensable siempre una causa primaria.

Interpretemos a Allan Kardec en La Génesis (2) Cap. II – La Providencia:

20. – “La providencia es la solicitud de Dios para con sus criaturas. Él está en todas partes, todo lo ve, todo lo preside, incluso las cosas más mínimas. Es en esto que consiste la acción providencial. “¿ Cómo puede Dios, tan grande, tan poderoso, tan superior a todo, inmiscuirse en pormenores ínfimos, preocuparse con los menores actos y los menores pensamientos de cada individuo?”

Esta interrogación que a sí mismo se dirige el incrédulo, concluyendo por decir que, admitida la existencia de Dios, sólo se puede admitir, en cuanto a la acción que ella ejerza sobre las leyes generales del Universo; que este funcione de toda la eternidad en virtud de esas leyes, a las cuales toda criatura se encuentra sometida en la esfera de sus actividades, sin que sea menester la intervención incesante de la Providencia”.

Esta conciencia única del razonamiento quántico, se transforma en dos elementos: uno objetivo y otro subjetivo. El subjetivo lo llamamos quántico, universal, indivisible, como También el Dr. Hernani Guimarâes de Andrade definió. La individualización de ese ser es consecuencia de un condicionamiento. Ese ser quántico es la manera como pensamos en Dios, que es el ser creador dentro de nosotros.

Volvemos al genio de Lyón en La Génesis (2) Cap. II – La Providencia:

34. – Siendo Dios la esencia divina por excelencia, únicamente los Espíritus que alcanzaron el más alto grado de desmaterialización lo pueden percibir. Por el factor de no verlos, no se sigue que los Espíritus imperfectos estén más distantes de él que los otros; esos Espíritus, como los demás, como todos los seres de la Naturaleza, se encuentran sumergidos en el fluido divino, del mismo modo que nosotros lo estamos en la luz.

Acostumbramos a evaluar a Dios como algo únicamente externo. Pensamos en Dios como un ser separado de nosotros. Eso, es una causa de nuestros conflictos internos. Si Dios también está dentro de nosotros, podemos cambiar por nuestra propia voluntad. Pero si creemos que Dios está exclusivamente del lado de fuera, entonces, supones que sólo Él nos puede cambiar y no nos transformamos por nuestra propia voluntad.

No podemos excluirnos a nuestra voluntad, diciendo que todo ocurre por la voluntad de Dios. Tenemos que reconocer al dios que hay en nosotros, como afirmó el Dulce Amigo hace 2000 años. “Conoceréis la verdad y ella os liberará”, entonces, seremos libres.

Allan Kardec prueba en La Génesis Cap. II – La Providencia:

24. – “(…) Nos encontramos entonces, constantemente, en presencia de la Divinidad; en ninguna de nuestras acciones le podemos sustraer la mirada; nuestro pensamiento está en contacto ininterrumpido con su pensamiento, habiendo, pues, razón para decir que Dios ve los más profundos rincones de nuestro corazón. Estamos en él, como él está en nosotros, según la palabra de Cristo.

Para extender su solicitud a todas las criaturas, no necesita Dios lanzar la mirada desde lo Alto de la inmensidad. Nuestras oraciones, para que él las oiga, no necesitan trasponer el espacio, ni ser dichas con voz retumbante, ya que, estando de continuo a nuestro lado, nuestros pensamientos repercuten en él.”

La Astronomía continúa sorprendiendo a la Humanidad al revelarnos las leyes Divinas, transformando paulatinamente nuestra mirada y, esta, se volverá más simple, como seres inmortales que lo somos y co-creadores del universo y sus herederos.

J. Herculano Pires resume “En verdad, el desenvolvimiento de la ciencia se procesa exactamente en la dirección de los principios espíritas.”

Luís de Almeida luis.almeida@mail.telepac.pt

(PORTO – PORTUGAL)

http://www.terraespiritual.locaweb.com.br/espiritismo/artigo82.html

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Bibliografia:

(1)       Kardec, Allan em O Livro dos Espíritos – Edições FEB 76ª  edição

(2)       Kardec, Allan em A Génese – Edições FEB 36ª edição.

(3)       Luiz, André em Evolução em Dois Mundos – Edições FEB 12ª  edição

Mensaje traducido por Isabel Porras-España

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