Evaluese a sí mismo

may 24th, 2012 by admin in León Denis
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UNA OBSERVACIÓN IMPORTANTE

¿Qué es reformar?
Es restituir o restablecer la organización primitiva.

¿Qué es la transformación?

Es el acto o efecto de transformar o de ser transformado. Es una alteración, modificación o un cambio de una forma en otra. Puede ser una evolución o mutación más o menos lenta de cualquier cosa.

¿Qué es la modificación?

Es el acto o efecto de transformar. Es cambiar el modo de ser de cualquier cosa. Es una transformación de una cosa sin perjuicio de la esencia.

¿Qué es la alteración?
Es el acto o efecto de modificar el estado normal de alguna cosa. Puede ser, también, el acto de disociar o degenerar alguna cosa.

Así, adoptamos la palabra transformación por encontrarla más adecuada a lo que se refiere a los cambios comportamentales.

TRANSFORMACIÓN ÍNTIMA, ¿QUÉ ES LA TRANSFORMACIÓN ÍNTIMA?
Es un proceso continuo de autoanálisis, de conocimiento de nuestra intimidad espiritual, liberándonos de nuestras imperfecciones y permitiéndonos alcanzar el dominio de nosotros mismos.

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA TRANSFORMANOS INTIMAMENTE?

Se puede y se deben sustituir nuestros defectos como por ejemplo, el Egoísmo o Personalismo, el Orgullo, la Envidia, los Celos, la Agresividad, la Maledicencia y la Intolerancia por virtudes, tales como Humildad, Caridad, Resignación, Sensatez, Generosidad, Afabilidad, Tolerancia, Perdón, etc.

¿CUÁNTO TIEMPO PODRÁ LLEVAR PARA QUE TALES CAMBIOS OCURRAN?
El tiempo no importa, lo que importa es el esfuerzo continúo que se hace para alcanzar la Transformación Íntima (“Se reconoce al verdadero Espírita por su transformación moral, y por los esfuerzos que emplea para domar sus malas inclinaciones”. Allan Kardec  en El Evangelio Según el Espiritismo, capítulo XVII, Sed Perfectos). No se trata de esfuerzo físico, sino de una firme contención de espíritu, de un empeño que no sufra excesiva solución de continuidad. “Excesiva”, porque, en verdad, tampoco podemos estar “continuamente” empeñados en la transformación de nosotros mismos.

Debe haber, esto sí, una persistencia de propósito, y a esta persistencia la llamamos esfuerzo. En otras palabras, no es buen síntoma abandonar una actividad o desviar la energía para un curso de acción más fácil, a la primera señal de dificultad.

La referencia del esfuerzo es en este sentido: continuidad, persistencia en base a las dificultades. Incluso que en el día a día de la impresión de que no hubo ningún cambio, no se debe desanimar ni abandonar el propósito de la transformación. Por eso debemos decir que este esfuerzo es para toda la vida. Estudiar el Evangelio de Jesús, oír sugestiones de personas experimentadas, asistir a conferencias, leer artículos y libros referentes a este asunto nos llevará a aprender aun más, y así auxiliarnos en la identificación de los defectos que nos afectan en cada situación de la vida y aprender poco a poco la práctica de las virtudes que van a sustituirlos.

¿CÓMO HACERLO?

El Conocimiento de sí mismo es el primer paso para nuestra Transformación Íntima, y San Agustín en respuesta a la prg. 919ª de El Libro de los Espíritus nos ofrece una excelente receta para esto:

“Cuando estéis indecisos sobre el valor de una de vuestras acciones, indagad cómo la calificaríais, si fuera practicada por otra persona. Si la censuráis en otros, no la podréis tener por legítima cuando fuerais su autor, pues  Dios no usa dos medidas en la aplicación de Su justicia.

Procurad también saber lo que de ella piensan vuestros semejantes y no despreciéis la opinión de vuestros enemigos, por cuanto estos ningún interés tienen en enmascarar la verdad, y Dios muchas veces los coloca a vuestro lado como un espejo, a fin de que seáis advertidos con más franqueza de lo que haría un amigo.

Indague, consecuentemente, a su conciencia, aquel que se sienta poseído del deseo serio de mejorarse, a fin de extirpar de sí las malas tendencias, como de su jardín arranca las hierbas dañinas; de balance en su día moral para, a ejemplo del comerciante, que evalúa sus perdidas y sus beneficios y yo os aseguro que la cuenta de estos será más abultada que la de aquellas. Si puede decir que fue bueno su día, podrá dormir en paz y aguardar sin recelo el despertar en la otra vida.

Formularéis, pues, de vosotros para con vosotros, cuestiones nítidas y precisas y no temáis multiplicarlas. Justo es que se pierdan algunos minutos para conquistar una felicidad eterna.

¿No trabajáis todos los días con el intento de juntar haberes que os garanticen reposo en la vejez? ¿No constituye ese reposo el objeto de todos vuestros deseos, el fin que os hace soportar fatigas y privaciones temporales? ¡Pues bien! ¿Qué es ese descanso de algunos días, turbado siempre por las enfermedades del cuerpo, en comparación con lo que espera el hombre de bien? ¿No valdrá éste otro la pena de algunos esfuerzos? Sé que hay muchos que dicen ser positivo el presente e incierto el futuro. Ahora, esta  es exactamente la idea que estamos encargados de eliminar de vuestro interior, ya que deseamos hacer que comprendáis ese futuro, de manera que no restéis ninguna duda en vuestra alma.”

Tenemos la tendencia natural de justificar siempre nuestros defectos con racionalismos. Son artimañas y tramas inconscientes. Por tanto, procuremos conocer a fondo esos defectos en todas sus particularidades, y en cómo ellos nos afectan, localizando las ocasiones en que estamos más vulnerables a su manifestación. Procuremos entonces no apartarnos de esos procedimientos y buscar herramientas adecuadas para sustituirlas en nuestro comportamiento.

Vea estas sugestiones de Benjamín Franklin en su Autobiografía, tal como escribió y en el orden que les dio.

Temperancia – No coma hasta el embotamiento; no beba hasta la exaltación.

Silencio – No hable sin provecho para los otros o para sí mismo; evite la conversación fútil.

Orden – Tenga un lugar para cada cosa; que cada parte del trabajo tenga su tiempo seguro.

Resolución – Decida ejecutar aquello que debe; ejecute sin falta lo que decidió

Frugalidad – No haga dispendios sin provecho para los otros o para sí mismo; o sea, no desperdicie nada.

Diligencia – No pierda tiempo; esté siempre ocupado en algo útil; dispense toda actividad innecesaria.

Sinceridad – No use artificios engañosos; piense de manera recta y justa, y, cuando hable, hable con sentido.

Justicia – A nadie perjudique por un mal juicio, o por la omisión de beneficios que son un deber.

Moderación – Evite los extremos; no nutra resentimiento por injurias recibidas tanto en cuanto juzga que lo que merecen los injuriadores.

Aseo – No tolere la falta de aseo en el cuerpo, en el vestir, o en la habitación.

Tranquilidad – No se perturbe por cosas triviales, accidentes comunes o inevitables.

Castidad – Evite la práctica sexual si no es para la salud o procreación; nunca llegue al abuso que lo debilite, ni perjudique a su propia salud, o la paz de espíritu o la reputación de otros.

Humildad – Imite a Jesús y Sócrates.

LA IMPORTANCIA DE LAS CAÍDAS

Un punto importante es que necesitamos contar con las caídas, hasta que crezcamos espiritualmente, al final somos como niños aprendiendo a andar, y son las caídas que fortalecen nuestra voluntad, y nos enseñan a tener perseverancia.

Somos aquello que conseguimos realizar y no aquello que prometemos. A través de las caídas aprendemos más sobre nosotros mismos y podemos perfeccionar el modo de evitarlas. Pero si caemos porque nos falta voluntad de acertar estaremos en el camino descendente y, de caída en caída, nos debilitaremos.

El niño aprende a andar porque está determinado a hacerlo. Entonces, no nos desanimemos nunca, levantémonos después y sigamos adelante con  tranquilidad, sin martirizarnos, con conocimiento de causa, en la firme determinación de no equivocarnos más.

CONCLUSIÓN

A cada minuto de nuestra vida, antes de iniciar ninguna acción, hagamos este ejercicio de preguntarnos siempre:

¿Esto que estoy haciendo ahora sería bien aceptado por Dios o por mi conciencia?

Si lo fuera; el procedimiento es correcto; si no lo fuera debemos continuar inmediatamente lo que íbamos a hacer y no pensar más en eso.

“Aquel que todas las noches, evocase todas las acciones que practicó durante el día y se preguntase a sí mismo el bien o el mal que hubiera hecho, rogando a Dios y a su ángel guardián que lo esclarezca, gran fuerza adquirirá para perfeccionarse, porque, creedme, Dios lo asistiría.

Dirigid, pues, a vosotros mismos preguntas, interrogaos sobre lo que habéis hecho y con qué objetivo procedéis en tal o cual circunstancia, sobre si hicisteis alguna cosa que, hecha por otros, censuréis, sobre si cometisteis alguna acción que no osaréis confesar. Preguntad aun más: ¿Si agradase a Dios llamarme en este momento, tendría que temer la mirada de alguien, al entrar de nuevo en el mundo de los Espíritus, donde nada puede ser ocultado?

Examinad lo que pudisteis haber obrado contra Dios, después contra vuestro prójimo y, finalmente, contra vosotros mismos. Las respuestas os darán, o el descanso para vuestra conciencia, o la indicación de un mal que necesite ser curado”. - (San Agustín, en El Libro de los Espíritus, preg. 91)

El auto-análisis permite que alienemos nuestras acciones y pensamientos en la dirección de las correcciones que necesitamos realizar, para que ajustemos nuestros actos de acuerdo con las enseñanzas del Maestro, tanto en relación con Dios como en relación a nuestro prójimo.

A través del esfuerzo propio y del ejercicio repetido en dirección a las buenas causas, sedimentaremos en nosotros el propio Bien.

Este proceso es arduo, así necesitaremos de mucho coraje, perseverancia y determinación para realizarnos. Dios asiste y auxilia siempre, pero necesitamos hacer nuestra parte si deseamos verdaderamente mejorar.

Envistamos nuestro interior y procuremos mejorar nuestro espíritu eterno, transformando lo que esta sociedad transitoria estableció como “normal” para nosotros. Luchemos el buen combate y no la lucha mezquina de los materialistas. La humanidad continuará aun por muchos siglos como es ahora, pero nosotros, que ya estamos dispuestos a los cambios de actitud, que ya sentimos el amor enseñado por la Doctrina Espírita, ya somos conscientes de la realización de nuestra evolución espiritual, que ya comenzamos a comprender las palabras de nuestro gran Maestro Jesús, podemos hacer nuestra pequeña parte viviendo la solidaridad en el más alto grado que es la caridad y realizar la transformación en el interior de cada uno, haciendo la Alquimia moderna de transformar el metal en oro.

Referências:
O Livro dos Espíritos – Allan Kardec
O Evangelho Segundo o Espiritismo – Allan Kardec
Reforma íntima (artigo) – Paulo Antonio Ferreira – http://home.ism.com.br/~pauloaf/
Manual Prático do Espírita de Ney Prieto Peres, da Editora Pensamento.
Fundamentos da Reforma Íntima – Abel Glaser pelo Espírito Caibar Schutel, da Editora O Clarim.
Reforma Íntima (artigo) – João Batista Armani – http://www.espirito.org.br/portal/palestras/diversos/reforma-intima.html

 

Escribe: Elio Mollo

Colaboró en el desarrollo ortográfico de este texto María Luiza Palhas

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