Confianza

jun 28th, 2010 by admin in Uncategorized
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En los tiempos actuales observamos la creciente pérdida de confianza así como un incremento del desánimo en nuestros compañeros de jornada. El ser humano se debate íntimamente mientras ve como poco a poco se derrumban los pilares en los que tenía asentada su seguridad, una seguridad netamente material. Ignorante de los valores y potenciales de su ser espiritual, muchos permanecen encogidos, paralizados, asustados como niños desprotegidos ante un futuro que para muchos se define incierto.

Hoy más que nunca, los valores materiales ya no ofrecen, pues no lo ofrecieron nunca, el reposo y la calma necesaria para continuar con paz nuestra jornada evolutiva.

La vuelta a los valores eternos del espíritu se ofrece como la única senda para encontrar aquello que es tan necesario para el desarrollo integral del ser humano y que tantas y tantas veces nos mostró Jesús en su convivencia junto a nosotros.

Es por eso que os ofrecemos esta historia para que tomemos ejemplo de lo que la confianza en Dios puede ofrecernos.

Esta historia es narrada por el filósofo Humberto Rohden, cuando viajaba en un buque con rumbo a Europa.

La travesía era serena y festiva, marcada por la comodidad y el lujo del moderno transatlántico, sobre aguas tranquilas y bajo un despejado cielo azul. Pero de repente, todo cambió. La serenidad y tranquilidad se transformaron en un violento temporal.  Esos que asustan desde los marineros de primer viaje hasta los más  experimentados.

Con miedo, los pasajeros se retiraron a los camarotes. El filósofo, sin embargo, prefirió contemplar el espectáculo de la naturaleza. En medio de toda esa confusión a bordo, él notó un chicuelo, de unos seis o siete  años. El niño estaba totalmente despreocupado. Jugaba, canturreaba,  indiferente a lo que sucedía a su alrededor.

Impresionado con la tranquilidad del muchachito, el filósofo se acercó y le preguntó:

- ¿Tú no tienes miedo?

La respuesta vino rápida, inocente, y al mismo tiempo profunda:

- No, yo no tengo miedo. Papá está en el timón.  El piloto era el padre del niño.

Cuando el temporal amainó, el viaje continuó sereno para todos, menos para el filósofo, que no lograba olvidar la respuesta del muchacho.

¡Qué inmensa confianza! Si papá está al timón, nada de malo puede suceder. ¡Papá es más fuerte que los vientos, más fuerte que las olas!¡No hay nada a temer!

La confianza es propia de los niños. Ellos se entregan sin temor a aquellos en quienes confían.  Y, padre y madre representan para ellos la mayor seguridad.

Si todos los hombres confiasen en Dios como los niños confían en sus padres, la vida sería más amena, porque esa confianza significa tener fe.

La fe es esa llama divina que entibia el espíritu y le da fuerzas para que supere todo: congoja, riñas, traiciones. Con fe, el hombre sobrevive al clima de aflicción, no desesperándose  jamás.

Mientras algunos se detienen al borde del abismo, creyendo que no podrán transponerlo, el hombre de fe busca distintos pasajes para alcanzar el otro lado con seguridad.

El hombre de fe es el que no se inquieta con las noticias que hablan de crisis y de tiempos difíciles. Prosigue su labor sin cansancio porque está seguro de que tendrá fuerzas para vencer.

Y para que la fe no decaiga, la sostiene con los valores de la reflexión y de la oración,  porque no hay llama que pueda seguir ardiendo sin combustible para alimentarla.

***

Jesús usó la figura del grano de mostaza para hablar a respecto de la fe, y afirmó que quien la poseyera de aquel tamaño, podría mover montañas.

Y la mujer,  con una hemorragia que sufría hace muchos años,  probó que era verdad. Fue suficiente con tocar el borde del manto de Jesús para curarse de su enfermedad. Así también dieron prueba de la fe de Jairo, que vino a rogarle a Jesús por la cura de su hija y el soldado que vino a pedirle por su servidor de muchos años.

Todos, por tener fe, movieron fuerzas interiores que atrajeron a las energías curativas de Jesús, y alcanzaron los objetivos que buscaban: la salud de los que amaban.

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