Posts Tagged ‘Historias Morales’

29
may

El poder de la dulzura

by admin in Uncategorized

El viajero marchaba por el camino, cuando divisó el pequeño río que surgía  tímido entre las piedras. Lo fue siguiendo por mucho tiempo. Poco a poco veía que tomaba volumen y se convertía en un río cada vez mayor. El viajero continuó siguiéndolo. Mucho más adelante, lo que era un pequeño río se dividió en decenas de cascadas, proporcionando un espectáculo de aguas cantantes. La música de las aguas atrajo mucho más al viajero, que se acercó y fue bajando por las piedras. Al lado de una de las cascadas, descubrió finalmente, una gruta. La naturaleza había creado con paciencia antojadizas formas en ella. Fue entrando y admirando siempre más y más las piedras gastadas por el tiempo.

De repente descubrió una placa. Alguien había estado allí antes que él. Con su linterna iluminó los versos que estaban escritos en ella. Eran versos del gran escritor Tagore, premio Nóbel de literatura de 1913: “no fue el martillo que dejó perfectas estas piedras, sino el agua, con su dulzura, su danza y su canción. Donde la dureza sólo puede destruir, la suavidad consigue esculpir.”

Así también sucede en la vida. Hay personas que explotan se puede decir, por nada,  y pretenden arreglar todo con golpes y gritos. Y hay también personas suaves, que saben graduar la energía y consiguen lo que quieren. Son las criaturas que no hablan mucho, pero actúan bastante. Mientras muchos están aún sentados a la mesa de discusiones para tomar decisiones, ellas ya están en sus puestos de lucha, actuando. Y logran modificar muchas cosas. Un sabio ejemplo fue el de Madre Teresa de Calcuta.

Antes y después de ella se ha hablado y vociferado a grito en cuello sobre   miseria, hambre y enfermedades que afectan a comunidades enteras. Ella, en la India,  observó la miseria, la muerte y el hambre rondado y acechando a sus hermanos. Tomó una decisión y actuó. Empezó sola, amparando en sus brazos a un desconocido que estaba moribundo en las calles de Calcuta.

Fundó una obra que se esparció, con sus casas de caridad, por todas las naciones. Tuvo el coraje de dirigirse a gobernantes y hombres públicos para hablarles de reverencia a la vida, de amor, de acción. No gritó, no se encolerizó. Cantó la música del amor, pidiendo pan y afecto para los pobres más pobres.

Dejó el mundo físico pero consiguió entallar las líneas maestras de su ideal en centenas de corazones. Como el agua mansa, ella cantó en los corazones y los conquistó, amoldándolos para la dedicación a su semejante.

***

Hay mucho amor en su trayecto, que actualmente usted no logra valorar…

Busque aplicarse en el don de ver, y viendo la acción de la presencia del Creador, que es amor, en la más alta expresión, como lo calificó el apóstol Juan, haga de su pasaje por él un día feliz.

Si usted espera ser útil y no aprueba la parálisis del corazón, procure amar, porque todos los misterios de la vida y de la muerte se encuentran en el amor… pues ¡el amor es Dios!

11
abr

Caso veridico acontecido a Chico Xavier

by admin in Uncategorized

Lo más bonito, no eran apenas las visitas que Chico hacia con los grupos, más también aquellas anónimas que el realizaba por la madrugada, cuando salía solo para llevar su consuelo moral a las familia enfermas, a las personas moribundas, algunas veces acompañado por un amigo para asesorarlo, ayudarlo, pues ya portaba algunos problemas de salud, más sin que nadie lo supiese. Allí estaba la mayor antena paranormal de la humanidad de los últimos siglos, apagando este potencial para llorar con una familia que tenía Hambre. El me contó que tenía el habito, en Pedro Leopoldo, de visitar a las personas que estaban debajo de un puente en una camino abandonado, y en ruinas. Iban él, su hermana Luisa y dos o tres personas más muy pobres de su comunidad.

A la medida que aumentaban las frecuentes visitas, los necesitados fueron aumentando, y mal conseguían víveres para el grupo, pues sus salarios eran insuficientes, y todos eran personas de escasos recursos.

El esposo de Luisa, que era fiscal de prelatura, recogía, cuando en las horas libres, había excedente, legumbres y otros alimentos, y que eran donados para distribuir anónimamente, los sábados, por la noche, a los necesitados del puente. Hubo, sin embargo, un día en que él, Luisa y sus auxiliares no tenían absolutamente nada; entonces, se decidió, no ir, pues aquella gente estaba con hambre y no tenían nada para ofrecer. Ellos estaban también viviendo con extremadas dificultades. Fue cuando se le apareció el espíritu del Dr. Becerra de Meneses, que sugirió colocasen algunas latas de agua, que el iba a magnetizarlas para ser distribuidas, habiendo, así, alguna cosa para dar.

El así lo hizo, y el Espíritu Benefactor, sirviéndose de su ectoplasma como también del de las demás personas presentes, fluidico el liquido. Eso adquirió un suave perfume, y entonces Chico tomo las jarras y, con sus amigos, después de la reunión habitual de los sábados, se dirigieron al puente. Cuando llegaron allá encontraron a unas doscientas personas, entre criaturas y adultos, enfermos en general, personas necesitadas, con graves problemas espirituales. “¡Aquí viene Chico, y D Luisa “ – gritaron y el, constreñido y angustiado, por haber llevado apenas agua (el pueblo no sabía lo que era el agua magnetizada, fluidificada), pretendió explicar el hecho.

Se levantó y dijo: “Hermanos míos, hoy no tenemos nada” – y narro la dificultad. Las personas quedaron ofendidas, tomando actitudes de poco respeto y el comenzó a llorar. En ese momento, una de las asistidas se levanto y dijo: ¡Alto! Este hombre y estas mujeres vienen siempre aquí para ayudarnos, y hoy, que ellos no tienen nada para darnos, nos toca a nosotros darles alguna cosa. ¡Vamos a darles nuestra alegría, vamos a cantar , vamos a darle las gracias a Dios! Mientras ella estaba diciendo eso, apareció un camión cargado, y alguien, desde dentro pregunto:

-¿Quién es Chico Xavier?” Cuando el atendió, el conductor pregunto si el se acordaba de cierto Dr. Fulano de Tal. Chico se acordaba de cierto señor de grandes posesiones materiales que vivía en San Paulo, que un año antes estuvo en Pedro Leopoldo, y le contó el drama del que era objeto. Su querido hijo había desencarnado, él y la esposa estaban desesperados, aun no habían denominado Correo de Luz, eran comunicaciones más esporádicas  y Chico se compadeció mucho de la angustia de la pareja.

Durante la reunión, el hijo vino traído por el Dr. Becerra de Meneses y escribió un consolador mensaje. Entonces el caballero le dijo:

-“Un día, Chico, yo he de retribuirle de alguna forma. ¿Más como es que mi hijo dio esta comunicación?” Chico le explico:

“- Es natural ese fenómeno, gracias al venerable Espíritu Dr. Becerra de Meneses, que trajo al joven desencarnado para este fin”, y le dio una idea muy rápida de lo que eran las comunicaciones mediúmnicos.

La pareja quedo muy agradecida al Dr. Becerra de Meneses, y repitió que un día habría de retribuir la gracia recibida. Fue cuando el conductor le narro:

-“Estoy trayendo este camión de alimentos mandado por el Sr. Fulano de Tal, que me dio la dirección del Centro donde debería entregar la carga, más tuve un problema en el camino, y me atrasé; cuando llegue, estaba todo cerrado. Mire por todos lados y me apareció un señor de edad con barbas blancas, y me pregunto que deseaba. “Estoy procurando al Sr. Chico Xavier” – respondió. “Pues mire: doble allí, valla hasta un puente caído, y diga que fui yo quien lo orientó”

– “- ¿Y cuál es su nombre? Pregunte, y él respondió” – Becerra de Meneses”.

19
mar

La lección del viejo roble

by admin in Uncategorized

Había un viejo roble en el medio de un gran floresta. Hace algunos años, una enorme tempestad lo dejó partido y feo. Jamás había conseguido enderezarse, como los demás  árboles. Cuando llegaba la primavera, se adornaba con flores nuevas y verdes que el otoño se encargaba de pintarlas todas de color rojiza. Pero los vientos inclementes soplaban y llevaban todas sus hojas y nada más podía esconder su fealdad.

El árbol fue sintiéndose olvidado, abandonado, sin utilidad. Y un enorme vacío se apoderó de él.

Cuando el viento del otoño pasó por allí, él se lamentó: “nadie más me quiere. No sirvo para nada. Soy un viejo inútil.”

Transcurrieron algunos días y, ya despuntando el invierno, un pájaro carpintero se posó  en su tronco y empezó a picarlo, en forma insistente.

Tanto lo picó que consiguió hacer un pequeño agujero, una puertita de entrada para su residencia de invierno, en el tronco hueco del roble.

Arregló todo con muy buen gusto. Es decir, estaba todo prácticamente arreglado. Las paredes eran calentitas, placenteras y había muchos bichitos que podrían alimentarlo como también a sus pichones.

- ¡Estoy muy  feliz en haber encontrado este árbol hueco! Será la salvación para mí y para mi familia en el frío que se acerca. .

Poco tiempo después, una ardilla se acercó y corrió por el tronco envejecido, hasta encontrar un agujero redondo, que sería la ventanita de su casa.

La forró por dentro con musgo y llevó pilas y pilas de nueces que la alimentarían  durante toda la estación de vientos helados.

- Estoy muy agradecida, dijo la ardilla, por haber  encontrado este árbol hueco.

El roble empezó a sentir algunas cosas extrañas. Las alas de los pajaritos rozando en su intimidad, el corazón alegre de la ardilla, sus pequeñitas patas palpando el tronco diariamente hicieron que el árbol se sintiera feliz.

Sus ramas pasaron a cantar felicidad. Cuando llegó la época de las lluvias, dejó mojarse, permitiendo que las gotas escurrieran por sus ramas, lentamente. Aceptó la nieve que lo envolvió en su manto  muchas semanas, agradeció los rayos del sol y la luz de las estrellas.

Todo era motivo de felicidad. El viejo árbol había vuelto a descubrir la alegría de servir.

***

No hay nadie que no tenga algo para dar. No existe nadie que no pueda hacer algo en beneficio de su hermano, una oración, un gesto, un abrazo, un abrigo, un pan.

Hay tanto para hacer en la tierra. Existen tantos esperando la cuota de nuestro gesto de ternura. Nadie es inútil o despreciable. Nos cabe volver a descubrir la riqueza que  existe en nosotros  y distribuirla a quien la necesite o espere.

Si nos sentimos solitarios, en medio a las dificultades que nos alcancen, aprendamos a brindar sonrisas en los caminos por donde pasemos.

Antes de amargarnos y querer gestos de cariño de amigos y parientes, vamos a anticiparnos y donar nuestra cuota de amor, hoy mismo si es posible, permitiéndonos hacer usufructo de la alegría de dar y darse.

15
feb

“La leyenda del dinero”

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dinero

Se cuenta que, en el principio del mundo, El Señor tuvo dificultades en el desenvolvimiento de la obra terrestre, porque los hombres se entregaron al reposo excesivo. Ninguno se animaba a trabajar.

Tierra suelta se amontonaba aquí y allí. Minerales variados se extendían en el ocio. Las aguas estancadas aparecían en todas partes.

El Divino Organizador pretendía levantar hogares y templos, centros educacionales y diversos asilos, pero…¿con qué brazos?

Los hombres y mujeres de la Tierra, convidados al sudor de la edificación por amor, respondían:-”¿Para qué?” Y comían frutos silvestres, perseguían animales para devorarlos y dormían bajo los árboles más grandes.

Después de reflexionar mucho, el Celeste Gobernador creó el dinero, adivinando que las criaturas, presas de la ignorancia, si no sabían actuar por amor, trabajarían por ambición.

Y así aconteció.

Tan pronto surgío el dinero, la comunidad se fragmento en pequeñas y grandes facciones, incentivándose la producción de beneficios generales y de valores imaginativos.

Aparecieron candidatos para toda clase de servicios.

El primero de ellos pidió al Señor permiso para fundar una gran alfarería. Otro, requirió medios de investigar los materiales pesados, de manera de trasformarlos en utensilios útiles. Cierto trabajador suplicó recursos para el aprovechamiento de grandes áreas en la exploración de cereales. Otro, aún, imploró un préstamo para producir hilos, de modo que pudiera colaborar en el perfeccionamiento del vestuario. Servidores de varias procedencias vinieron a solicitarle auxilio financiero destinado a la creación de remedios.

El Señor los atendió a todos con alegría.

En breve, alfarerías y fabricas, telares rústicos y oficinas rudimentarias se improvisaron aquí y allá, desarrollando un amplio progreso en la inteligencia y en las cosas.

Los hombres, procurando ansiosamente el dinero, con el fin tornarse mas destacados y poderosos entre sí, trabajaban si descanso produciendo tinajas, instrumentos agrícolas, maquinas, hilos, aceite, alimento abundante, ropas, calzados e innumerables invenciones de confort, y, así, la tierra provechosa fue removida, las piedras aprovechadas y los ríos canalizados convenientemente para la irrigación; los frutos fueron guardados en conserva preciosa; las carreteras fueron trazadas de norte a sur, de este a oeste y las aguas recibieron las primeras embarcaciones.

Todo el mundo perseguía el dinero y peleaba por la posesión de él.

Viendo, entonces, el Señor que los hombres producían obteniendo provechos y prosperidad, por el ansia de poder, considero satisfecho:

-Mis hijos de la Tierra no pudieron servir por amor, en vista de la deficiencia que, por el momento, les señala su posición; pero, el dinero establecerá competencias benéficas entre ellos, en beneficio de la obra general. Retendrán provisionalmente los recursos que me pertenecen y, con la sensación de propiedad, improvisarán todos los productos y materiales que el perfeccionamiento del mundo necesita. Esta es mi ley de préstamo que permanecerá asentada en el Cielo. Cederé posibilidades a cuantos me las pidieren, de acuerdo con las exigencias del aprovechamiento común; sin embargo, cada beneficiario me deberá presentar cuentas de lo que haya despendido, porque la Muerte los conducirá, uno a uno, a mi presencia. Este decreto divino funciona para cada persona, en particular, hasta que mis hijos, individualmente, aprendan a servir por amor a la felicidad general, libres de los grilletexx que la posesión instituye.

Desde entonces, la mayoría de las criaturas pasó a trabajar por dedicación al dinero, que es de propiedad exclusiva del Señor, de cuya aplicación, cada hombre y cada mujer presentará cuentas a Él más tarde.

Obra mediúmnica dictada por el espíritu “Neio Lúcio” al médium “Francisco Candido Xavier” incluida en el libro “Alborada Cristiana”

Enviado por Carlos Bitaubé del Centro Espírita LEÓN DENIS

11
feb

La piedra en el camino

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piedras_zen_1Hace ya mucho tiempo, se cuenta que un rey que vivió en un país lejano y que era muy sabio, no escatimaba esfuerzos para enseñar buenas costumbres a su pueblo. Frecuentemente hacía cosas que parecían extrañas e inútiles; pero todo lo que hacía era con la intención de enseñar al pueblo, para que fuera trabajador y cauteloso. Nada bueno puede sucederle a una nación – decía – cuyo pueblo reclama y espera que otros solucionen sus problemas. Dios da las cosas buenas de la vida a quien combate los problemas por cuenta propia.

Una noche, mientras todos dormían, él puso una enorme piedra en el camino que pasaba por el palacio. Después fue a esconderse atrás de una cerca, y esperó para ver lo que sucedía. Primero vino un hacendado con un carro cargado de semillas que llevaba para el molino. ¿Pero quién ha visto tanta dejadez? Dijo contrariado, mientras desviaba su carro y esquivaba la piedra. ¿Por qué esos haraganes no mandan que retiren esa piedra del camino? Y siguió reclamando de la inutilidad de los demás, pero sin tocar siquiera la piedra.

Más tarde, un joven soldado vino cantando por el camino. La larga pluma de su Quepis ondulaba en la brisa, y una espada reluciente colgaba de su cintura. Él pensaba en el maravilloso coraje que mostraría en la guerra y no vio la piedra, tropezó en ella y se desplomó contra el suelo polvoriento. Se levantó, se sacudió el polvo de la ropa, tomó la espada y se enfureció con los perezosos que insensatamente habían arrojado aquella inmensa piedra en el camino. Entonces, él también se alejó sin pensar ni una única vez que él mismo podría retirar la piedra. Y así pasó el día…

Todos los que por allí pasaban reclamaban y rezongaban a causa de la piedra en el medio del camino, pero nadie la tocaba. Finalmente, al caer la noche, la hija del dueño del molino por allí pasó. Era muy trabajadora y estaba cansada, pues desde la mañana temprano esta ocupada con los quehaceres del molino, pero pensó: Ya está anocheciendo, alguien puede tropezar en esta piedra y herirse gravemente. Voy a quitarla del camino. E intentó arrastrarla de allí. Era muy pesada, pero la chica empujó y empujó, tiró e inclinó, hasta que logró retirarla del lugar. Con mucha sorpresa, encontró una caja debajo de la piedra. La levantó en sus manos. Era muy pesada, pues estaba llena con algo. Había en la tapa las siguiente inscripción: “esta caja pertenece a quien retire la piedra”. Ella la abrió y descubrió que estaba llena de oro. Entonces el rey apareció y le dijo con cariño: Hija mía, con frecuencia encontramos obstáculos y fardos en el camino. Podemos protestar en voz alta mientras nos desviamos de ellos, si así lo preferimos, o podemos levantarlos y descubrir lo que significan. La decepción, normalmente, es el precio de la haraganería. Entonces, el sabio rey montó en su caballo y, con un delicado “buenas noches” se retiró del lugar.

***

No hay dolor sin causa ni lágrimas sin procedencia justa. Nuestros obstáculos actuales han sido tejidos por nosotros mismos. Tengamos, pues, el coraje de eliminarlos a golpes de esfuerzo propio basados en la caridad, que es una luz encendida en nuestra ruta de ascensión a Dios.

17
dic

El sembrador

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floressDoña Angélica era profesora. Residía en una pequeña ciudad y daba clases en una villa próxima. No era considerada una persona equilibrada en razón de su comportamiento, que parecía un tanto exquisito. Los alumnos de la escuela de primer grado la tenían como una persona muy extraña. Ellos observaban que la profesora, en sus viajes de ida y vuelta del hogar a la escuela, hacía gestos y movimientos con las manos, que no conseguían entender, y por ese motivo, pensaban que ella estaba medio fuera de juicio.

Por la ventana del tren, doña Angélica hacia escenas como si estuviese diciendo adiós a alguien invisible a los ojos de todos. Las criaturas hacían burla, la criticaban, más ella no lo sabía, pues los comentarios eran hechos a escondidas. Todos, inclusive los padres y demás profesores, hallaban que ella era loca, aunque reconociesen que era una excelente educadora.

Los años se pasaban y la situación, continuaba lo mismo. Varias generaciones recibieron, de la bondadosa y dedicada profesora, bendecida y valiosa enseñanza. Doña Angélica era una persona de buenas maneras, calmada y gentil, más no muy bien comprendida. Envejecida en el ejercicio del deber de preparar las criaturas para un futuro mejor, con espíritu de abnegación, y devoción y casi maternal.

Cierto día en que viajaba para su querida escuela, con diversas criaturas en la misma clase del tren, movía, como siempre, las manos para fuera de la ventana. Los alumnos sentados en la parte de a tras sonreían maliciosamente cuando Alberto, su alumno de diez años, porque amaba mucho a su maestra, se sentó a su lado y con ternura le pregunto:

¿Profesora por que usted insiste en continuar con esas alocadas actitudes? ¿Qué es lo que desea decir, hijo? Interrogó, bondadosa la sorprendida señora. El continuo, usted ha estado dando adioses para los animales, moviendo las manos… ¿Eso no es una locura? La maestra amiga comprendió y sonrió. Sinceramente emocionada, llamó la atención del alumno, diciendo: Vea esta bolsa – y apunto para la intimidad del objeto de cuero cerrado. ¿Nota lo que hay dentro? Si – respondió Alberto. ¿Yo veo que hay algo ahí, más que es al final? La profesora respondió calmadamente: es polen de flores. Son simientes menudas… Hace casi veinte años yo paso por este camino, yendo y viniendo de la escuela. El camino, antes, era feo, árido, desagradable. Yo tuve la idea de embellecerlo, sembrando flores. De ese modo, de cuando en cuando reúno simientes de bellas y delicadas flores del campo y las tiro por la ventana… Se que caerán en tierra amiga y, acariciadas por la primavera, se transformaran en plantas que producirán flores, dando color y alegría al paisaje. Como usted pudo percibir, el paisaje ya no es árido. Hay flores de diversos matices y suave perfume en el aire, que la brisa se encarga de esparcir por todos lados.

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En la vida, todos somos sembradores… Unos siembran flores y descubren bellezas, perfumes y frutos. Otros siembran espinos y se hieren con sus picos agudos. Nadie vive sin sembrar, sea el bien, sea el mal…

Felices aquellos que, por donde pasan, dejan simientes de amor, de bondad, de afecto…

Adaptación del libro infantil: “El Sembrador”, dictado por el espíritu Amelia Rodríguez,al Médium Divaldo Pereira Franco.