Posts Tagged ‘Mensajes Espirituales’

4
nov

Encuentro Marcado

by admin in León Denis

Cuando la aflicción golpeó a su puerta, el discípulo tomó las noticias del Señor y leyó su promesa divina: “Permaneceré con vosotros hasta la consumación de los siglos…” Se encendió la esperanza en lo profundo de su alma. Y cierta mañana partió en busca del Maestro, a semejanza de una corza desorientada en el desierto, que desea un manantial de agua pura. Entró en un templo que desbordaba de luces centelleantes, donde se veneraba su memoria; aún así, pese a que percibía que la fe brillaba allí en medio de cánticos reverentes y flores de devoción, no halló al Divino Amigo.

Lo buscó en los amplios recintos donde se pronunciaba su nombre con una inflexión de supremo respeto; sin embargo, aunque encontró la pureza de sus enseñanzas en el verbo de quienes llevaban libros dorados debajo del brazo, no notó que allí estuviera presente. En la jornada agotadora consumió horas…

En vano atravesó portales y columnatas, altares y jardines. Caía helada la noche, cuando oyó los gemidos de un niño enfermo que había sido abandonado en un albañal. Se arrodilló para darle amoroso asilo en sus brazos. Al levantar la mirada vio a Jesús delante de él, y con voz temblorosa exclamó:

— !Maestro! !Maestro!…

El Excelso Benefactor acarició su cabeza fatigada, como para borrar la llaga de su angustia y le habló con tono compasivo:

— En realidad, hijo, he de estar con todos, en todas partes, hasta el fin de los siglos; no obstante, mi residencia es el corazón caritativo, pues a la luz de tales corazones tengo un encuentro marcado con los aprendices del bien eterno…

En vano intentó el discípulo retener al Señor contra su pecho… A través de la espesa cortina de lágrimas que inundaban su rostro sorprendido, notó que la celestial visión se diluía en el resplandor añil del cielo vespertino, mientras que en el recinto de su propio ser resonaban para él las palabras inolvidables:

— Cada vez que ofrezcáis amparo a uno de esos pequeñitos por amor a mi nombre, a mí me lo daréis…

MEIMEI

Mensaje extraído de la Obra “El Espíritu de la Verdad”, psicografiado por Francisco Cándido Xavier y Waldo Vieira

17
oct

Madre Teresa de Calcuta

by admin in León Denis

ORACION PARA APRENDER A AMAR

Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida;
Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua;
Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor.
Cuando sufra, dame alguien que necesita consuelo;
Cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro;
Cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado.
Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos;
Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien; Cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos.
Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite de mi comprensión;
Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender;
Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona.

Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos;
Dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día, también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo.

-Madre Teresa de Calcuta M.C.

12
oct

Pensamientos y enfermedades

by admin in León Denis

La conciencia del ser humano se expande por todo su organismo por medio de las variadas expresiones de capacidad vibratoria de los elementos que lo constituyen. De ese modo, operando en la armonía conjunta, cada célula es portadora de la condensación de la conciencia individual, en cuyas tramas delicadas se imprimen las necesidades evolutivas del ser humano. Trabajadas por los comandos del periespiritu ellas resultan de la condensación de ondas específicas que conducen los contenidos morales encargados de producir los órganos y los diversos mecanismos constitutivos del individuo. Por tanto, la célula es, en si misma, la materialización del molde energético por el modelo organizador biológico. Cuando ocurre la separación molecular de cada una, por medio del fenómeno de la muerte física, no se produce la aniquilación o la desintegración de aquel que la constituía, permaneciendo como parte integrante del conjunto ordenador. Como consecuencia, cada una posee registros especiales que se encargan de sincronizarse en un conjunto armónico total. Ese tipo de registro puede ser considerado como una forma de conciencia embrionaria que conduce y preserva informaciones sobre los acontecimientos de los cuales participa. De esa forma, el periespiritu también está constituido por el conjunto de esas conciencias celulares que forman la conciencia global encargada de transmitir al espíritu las memorias, las conquistas y realizaciones de cada experiencia reencarnatoria y de todas ellas reunidas, siempre alteradas conforme a las transformaciones naturales de la etapa vivenciada.

Los pensamientos que se originan en el ser espiritual, a medida que se transfieren hacia las áreas de la sensación, de la emoción de la acción, imprimen sus contenidos en las referidas células de energía que los ejecutan en la forma física, estableciendo los resultados conforme a la calidad de la onda mental.

Debido al tenor vibratorio de cada emisión pensante, la carga estimula a la conciencia celular que se siente más fortalecida, generando salud o se desarmoniza, produciendo la enfermedad. Aunque se desestructure la célula física, en el proceso de desorganización se libera la de naturaleza energética, que influenciará a los futuros mecanismos de equilibrio o desajustes del ser humano.

Las enfermedades más graves son aquellas que se originan en el alma, expandiéndose por el organismo físico y transformándose en procesos degenerativos, infecciosos, produciendo dolores o se exteriorizan como conflictos que se convierten en trastornos psíquicos, cuya gravedad se encuentra en la razón de la causa productora.

El semillero del odio, de los celos, de la envidia, de la ira y de otros anestésicos del espíritu, produce virus y vibriones psíquicos que atacan al organismo propio así como al de aquel que, desprevenido, inspiró la producción de esas ondas desbastadoras que la mente produce y dirige conforme a su estructura moral. Al mismo tiempo, ideoplastia sustentadas por el pensamiento fijo en ideas perturbadoras y agresivas, contribuyen para que surjan toxinas que invaden el organismo desarticulándose la contextura vibratoria, enfermándolo y trabajando para matar sus defensas y los factores inmunológicos.

La conducta mental expresa el nivel de evolución en que se encuentra cada ser, encargándose de producir bienestar o malestar, salud o enfermedad, alegría o tristeza, resultando siempre de la faja vibratoria en la que permanece.

Esas conductas esdrújulas, en las que muchos se complacen, se transfieren de una existencia hacia otra, debido a la memoria y conciencia de la célula psíquica, que modelará la equivalente orgánica con la carga de energía que conduce. De esta forma, esa onda influenciará a la criatura desde su formación genética, alterándole su estructura de acuerdo con la calidad del mensaje de que sea portadora.

Las enfermedades del alma tienen un carácter psíquico y se encuentran en los pliegues de lamente desvariada, que se vincula a los estados aberrantes del comportamiento, cuando podría ser dirigida hacia las aspiraciones del equilibrio, de la razón, de la felicidad.

Los sentimiento viles abren campo a su instalación, tornándose de difícil diagnostico y deficiente tratamiento, improbable de otorgar resultados favorables a la salud.

Es por eso que, los desvaríos del sexo, los vicios de cualquier naturaleza, la irascibilidad, los estados pesimistas, se transforman en agentes vivos que se encargan de actuar conforme la dirección que reciben de la dinamo mental generadora de la cual proceden.

De la misma forma sucedería si fuesen cultivados otros sentimientos y preservados los valores éticos promotores del ser, que se encargarían de corresponder a la fuente productora con ondas de bienestar, de esperanza, de armonía, de felicidad…

Los cromosomas que se implantan en la estructura física mediante el núcleo de la célula en que se establecen, se mantienen en el Espíritu debido al citoplasma en el cual e fijan. Son indestructibles, enviando sus mensajes a través del núcleo genético, al tiempo en que plasman las futuras formas en todos los seres, en el plano físico o espiritual.

Cuanto más penetra la investigación científica en la estructura de la forma, mejor verifica que la misma es una aglutinación de partículas cada vez menores hasta perderse en la energía que es el punto de partida hacia la materia. Como el espíritu es energía pensante, principio inteligente del Universo, asimila las vibraciones más sutiles y las exterioriza mediante ondas mentales que toman cuerpo, tornándose parte integrante del conjunto en el que la vida física se manifiesta. Al ser así, los vicios generadores de enfermedades del alma – que permanecen como depresión, tormentos íntimos, angustia, inseguridad y otros – cuando se produce la desencarnación del paciente, prosiguen imanados a los campos psíquicos en los cuales fueron generados, exigiendo un periodo correspondiente de cambio mental para ser diluidos y desaparecer.

El acontecimiento de la muerte biológica no facilita la liberación de los hábitos perversos y enfermizos que fueron cobijados durante largo periodo de la existencia física. De la misma forma que se fueron implantando lentamente y generando acondicionamientos que se transformaron en procesos perturbadores, la readaptación al equilibrio y la reconstrucción de las estructuras energéticas afectadas exigen el tiempo correspondiente, durante el cual son recompuestos los campos vibratorios que fueron dañados.

Eso es comprensible, porque las descargas producidas por los sentimientos viles producen toxinas de alto tenor hormonal que modifican los códigos del ADN, fijando en ellos el tipo de onda y su procedencia perturbadora. A medida que se repiten esas fijaciones a lo largo del tiempo, es mayor el daño causado a la estructura intima del mismo, imponiendo como proceso de reparación, desde el más allá, un cambio total de comportamiento, que se encarga de sustituir su doble hélice, que son los dos cordones entrelazados y formados por una sustancia química especifica.

Por ello las enfermedades del alma solo se podrán recuperar cuando hubiere una transformación estructural del pensamiento, que se encargará de reconstruir nuevas bases súper sutiles, que se consubstanciaran en los futuros códigos del ADN, restableciendo la conciencia individual de las células y finalmente, integrando la conciencia del ser en el conjunto de la armonía de la Conciencia Cósmica.

Extraído del libro “Días Gloriosos” de Divaldo Pereira Franco dictado por el Espíritu Juana de Angelis.

1
ago

Pensamientos y enfermedades

by admin in León Denis

La conciencia del ser humano se expande por todo su organismo por medio de las variadas expresiones de capacidad vibratoria de los elementos que lo constituyen. De ese modo, operando en la armonía conjunta, cada célula es portadora de la condensación de la conciencia individual, en cuyas tramas delicadas se imprimen las necesidades evolutivas del ser humano. Trabajadas por los comandos del periespiritu ellas resultan de la condensación de ondas específicas que conducen los contenidos morales encargados de producir los órganos y los diversos mecanismos constitutivos del individuo. Por tanto, la célula es, en si misma, la materialización del molde energético por el modelo organizador biológico.

Cuando ocurre la separación molecular de cada una, por medio del fenómeno de la muerte física, no se produce la aniquilación o la desintegración de aquel que la constituía, permaneciendo como parte integrante del conjunto ordenador. Como consecuencia, cada una posee registros especiales que se encargan de sincronizarse en un conjunto armónico total. Ese tipo de registro puede ser considerado como una forma de conciencia embrionaria que conduce y preserva informaciones sobre los acontecimientos de los cuales participa. De esa forma, el periespiritu también está constituido por el conjunto de esas conciencias celulares que forman la conciencia global encargada de transmitir al espíritu las memorias, las conquistas y realizaciones de cada experiencia reencarnatoria y de todas ellas reunidas, siempre alteradas conforme a las transformaciones naturales de la etapa vivenciada.

Los pensamientos que se originan en el ser espiritual, a medida que se transfieren hacia las áreas de la sensación, de la emoción de la acción, imprimen sus contenidos en las referidas células de energía que los ejecutan en la forma física, estableciendo los resultados conforme a la calidad de la onda mental.

Debido al tenor vibratorio de cada emisión pensante, la carga estimula a la conciencia celular que se siente más fortalecida, generando salud o se desarmoniza, produciendo la enfermedad. Aunque se desestructure la célula física, en el proceso de desorganización se libera la de naturaleza energética, que influenciará a los futuros mecanismos de equilibrio o desajustes del ser humano.

Las enfermedades más graves son aquellas que se originan en el alma, expandiéndose por el organismo físico y transformándose en procesos degenerativos, infecciosos, produciendo dolores o se exteriorizan como conflictos que se convierten en trastornos psíquicos, cuya gravedad se encuentra en la razón de la causa productora.

El semillero del odio, de los celos, de la envidia, de la ira y de otros anestésicos del espíritu, produce virus y vibriones psíquicos que atacan al organismo propio así como al de aquel que, desprevenido, inspiró la producción de esas ondas desbastadoras que la mente produce y dirige conforme a su estructura moral. Al mismo tiempo, ideoplastia sustentadas por el pensamiento fijo en ideas perturbadoras y agresivas, contribuyen para que surjan toxinas que invaden el organismo desarticulándose la contextura vibratoria, enfermándolo y trabajando para matar sus defensas y los factores inmunológicos.

La conducta mental expresa el nivel de evolución en que se encuentra cada ser, encargándose de producir bienestar o malestar, salud o enfermedad, alegría o tristeza, resultando siempre de la faja vibratoria en la que permanece.

Esas conductas esdrújulas, en las que muchos se complacen, se transfieren de una existencia hacia otra, debido a la memoria y conciencia de la célula psíquica, que modelará la equivalente orgánica con la carga de energía que conduce. De esta forma, esa onda influenciará a la criatura desde su formación genética, alterándole su estructura de acuerdo con la calidad del mensaje de que sea portadora.

Las enfermedades del alma tienen un carácter psíquico y se encuentran en los pliegues de lamente desvariada, que se vincula a los estados aberrantes del comportamiento, cuando podría ser dirigida hacia las aspiraciones del equilibrio, de la razón, de la felicidad.

Los sentimiento viles abren campo a su instalación, tornándose de difícil diagnostico y deficiente tratamiento, improbable de otorgar resultados favorables a la salud.

Es por eso que, los desvaríos del sexo, los vicios de cualquier naturaleza, la irascibilidad, los estados pesimistas, se transforman en agentes vivos que se encargan de actuar conforme la dirección que reciben de la dinamo mental generadora de la cual proceden.

De la misma forma sucedería si fuesen cultivados otros sentimientos y preservados los valores éticos promotores del ser, que se encargarían de corresponder a la fuente productora con ondas de bienestar, de esperanza, de armonía, de felicidad…

Los cromosomas que se implantan en la estructura física mediante el núcleo de la célula en que se establecen, se mantienen en el Espíritu debido al citoplasma en el cual e fijan. Son indestructibles, enviando sus mensajes a través del núcleo genético, al tiempo en que plasman las futuras formas en todos los seres, en el plano físico o espiritual.

Cuanto más penetra la investigación científica en la estructura de la forma, mejor verifica que la misma es una aglutinación de partículas cada vez menores hasta perderse en la energía que es el punto de partida hacia la materia. Como el espíritu es energía pensante, principio inteligente del Universo, asimila las vibraciones más sutiles y las exterioriza mediante ondas mentales que toman cuerpo, tornándose parte integrante del conjunto en el que la vida física se manifiesta. Al ser así, los vicios generadores de enfermedades del alma – que permanecen como depresión, tormentos íntimos, angustia, inseguridad y otros – cuando se produce la desencarnación del paciente, prosiguen imanados a los campos psíquicos en los cuales fueron generados, exigiendo un periodo correspondiente de cambio mental para ser diluidos y desaparecer.

El acontecimiento de la muerte biológica no facilita la liberación de los hábitos perversos y enfermizos que fueron cobijados durante largo periodo de la existencia física. De la misma forma que se fueron implantando lentamente y generando acondicionamientos que se transformaron en procesos perturbadores, la readaptación al equilibrio y la reconstrucción de las estructuras energéticas afectadas exigen el tiempo correspondiente, durante el cual son recompuestos los campos vibratorios que fueron dañados.

Eso es comprensible, porque las descargas producidas por los sentimientos viles producen toxinas de alto tenor hormonal que modifican los códigos del ADN, fijando en ellos el tipo de onda y su procedencia perturbadora. A medida que se repiten esas fijaciones a lo largo del tiempo, es mayor el daño causado a la estructura intima del mismo, imponiendo como proceso de reparación, desde el más allá, un cambio total de comportamiento, que se encarga de sustituir su doble hélice, que son los dos cordones entrelazados y formados por una sustancia química especifica.

Por ello las enfermedades del alma solo se podrán recuperar cuando hubiere una transformación estructural del pensamiento, que se encargará de reconstruir nuevas bases súper sutiles, que se consubstanciaran en los futuros códigos del ADN, restableciendo la conciencia individual de las células y finalmente, integrando la conciencia del ser en el conjunto de la armonía de la Conciencia Cósmica.

Extraído del libro “Días Gloriosos” de Divaldo Pereira Franco dictado por el Espíritu Juana de Angelis

20
jul

La Eutanasia

by admin in León Denis

Tema de frecuente discusión, por unos defendida, por otros censurada, la eutanasia, o “sistema que procura dar muerte sin sufrimiento a un doliente incurable”, regresa a los debates académicos, frente a su aplicación sistemática por eminentes autoridades medicas, en criaturas incapaces físicas o mentales desde el nacimiento, internadas en Hospitales Pediátricos, sin esperanzas científicas de recuperación o sobrevivencia…

Práctica nefasta que testimonia la predominancia del concepto materialista sobre la vida, que apenas ve la materia y sus implicaciones inmediatas, en detrimento de las realidades espirituales, refleja, también, la soberanía del primitivismo animal en la constitución emocional del hombre.

En la Grecia antigua, la hegemonía espartana, siempre armada para la guerra y la destrucción, insirió en su Estatuto el empleo legal de la eutanasia eugenésica en relación a los enfermos, mutilados, psicópatas considerados inútiles, que eran arrojados al Eurotas por pesar negativamente en la economía del Estado. Guiados por superlativo egoísmo y prepotencia, a pesar de los conflictos arbitrarios del exagerado orgullo nacional, se hicieron víctimas de la impulsividad belicosa que cultivaban… Otros pueblos, desde la más remota antigüedad, se permitían practicar ese “homicidio ejercido por compasión”…

En circunstancia alguna, o bajo ningún motivo, cabe al hombre derecho de escoger y deliberar sobre la vida o la muerte en relación a su prójimo. Los criminales más empedernidos, homicidas o genocidas entre los más hediondos, no deben tener cortadas sus vidas, sino antes ser aislados de la convivencia social, en celdas, o en trabajos rectificadores, en los cuales expurguen bajo la acción del tiempo y de la reflexión, que tarda más alcanza al infractor, haciéndolo expiar los delitos perpetrados. Aun cuando se trate de réprobos anatematizados por desconcierto mental, no faltan Nosocomios judiciales donde pueden recibir conveniente asistencia a la que tienen derecho, sin que sean considerados inocentes por los crímenes perpetrados…

Recuperando la salud, eventualidad excepcional que puede suceder, cercados, por el peligro de probable reincidencia psicopática, podrán de alguna forma, retribuir de manera positiva a la Sociedad, los daños que hayan causado. En lo que tañe a los enfermos considerados irrecuperables, conviene considerar que dolencias, ayer detestables como incurables, son hoy capitulo superado por el triunfo de hombres-sacerdotes de la Ciencia Médica, que la ennoblecen por la contribución que sus vidas ofrecen en beneficio de la Humanidad.

Siempre hay, pues, posibilidad de mañana conseguir la victoria sobre la enfermedad irreversible de hoy. Diariamente, para ese desiderato, se sumergen en la carne Espíritus Misioneros que se aprestan a aligerar e impulsar el progreso, realizando descubrimientos y conquistas superiores para la vida, fuente poderosa de esperanza y conforto para los que sufren, en nombre del Supremo Padre. Ante las expresiones teratológicas, al revés de la precipitación de la falsa piedad en aliviar a los pacientes de los sufrimientos, se ha de pensar en la terapéutica divina, que se sirve del presidio orgánico y de las jaulas mentales para ajusticiar a los infractores de variados matices que pasaron por la Tierra impunes, inadvertidos, mas que no pudieron huir a las sanciones de la conciencia en falta ni a la Legislación Superior, a la cual rogaron enseñanza de recomienzo, recuperación y sublimación porque anhelaban la edificación de la paz intima. Suicidas, – esos pobres rebelados contra la Divinidad – que despedazaron el cráneo, en embestidas de odio contra la existencia, reencarnan perturbados por la idiotez, sordo-mudez, conforme a la parte del cerebro afectada, o por hidrocefalias, mongolismos; los que tentaron ahorcarse, reaparecen con los procesos de la paraplejia infantil; los ahogados, padecen enfisema pulmonar; los que descerrajaron tiros al corazón, retornan bajo el yugo de cardiopatías congénitas irreversibles, dolorosas; los que se utilizaron de tóxicos y venenos, vuelven bajo el tormento de las deformaciones congénitas, de la asfixia respiratoria, o estertorosos por úlceras gástricas, duodenales y canceres devoradores; los que despedazaron el cuerpo en fugas espectaculares, recomienzan victimados por atrofias, deformaciones, limitaciones punzantes, en que aprenden a valorizar la grandeza de la vida…

Agresores, exploradores, amantes de la rapiña, de las arbitrariedades, de los abusos de cualquier naturaleza vuelven a los escenarios en que se empecinaron, o corrompieron, o se hicieron infelices, alcanzados por la impronta de las soberanas leyes del orden y del equilibrio, rehaciendo el camino antes recorrido criminalmente y atesorando los sagrados valores de la paciencia, la comprensión, el respeto a si mismos y al prójimo, la humildad, la resignación, armándose de bendiciones para futuros cometidos dichosos.

¿Quién se podrá atribuir el derecho de interrumpirles la santificadora existencia preciosa? Las personas que se les vinculan en la condición de padres, cónyuges, hermanos, amigos, también les son participes de los dramas y tragedias del pasado, responsables directos o inconscientes, que ahora se rehabilitan, debiendo extenderles manos generosas, auxilio fraterno, por lo menos migajas de amor. Nadie se deberá permitir la interferencia destructiva o liberativa por medio de la eutanasia en tales procesos redentores. Personas que se dicen penalizadas por los sufrimientos de familiares y que desean que les sean luego cesados, casi siempre actúan por egoísmo, presurosos de liberarse del compromiso y de la responsabilidad de ayudarlos, sustentarlos, amarlos más.

No faltan terapéuticas médicas y quirúrgicas que pueden amainar el dolor, perfectamente compatibles con la caridad y la piedad cristianas. A nadie es dado precisar el tiempo de vida o sobrevida de un paciente. ¡ Son tan escasos de exactitud los pronósticos humanos en este sector del conocimiento, cuanto no sucederá en otros! ¿Cuántos enfermos, rudamente vencidos, desesperados recobran la salud sin aparente razón o lógica? ¿Cuántos otros hombres en excelente forma, portadores de sanidad y robustez, son victimados por sorpresas orgánicas y sucumben imprevisiblemente?

El conocimiento de la reencarnación proyecta luz en los más intrincados problemas de la vida, dirimiendo los equívocos y dudas en torno a la salud como a la enfermedad, a la desdicha como a la felicidad y contribuyendo eficazmente para la perfecta asimilación de los postulados renovadores de los que Jesús Cristo se hizo abanderado por excelencia y el Espiritismo, el Consolador encargado de demostrarlo en los tormentosos días de la actualidad. Argumentan, en tanto, los utilitaristas que las importancias prodigadas con los pacientes irrecuperables podrían ser utilizadas para pesquisas valiosas o para impedir que hombres sabios enfermasen, o para asistir convenientemente a los que, dolientes, pueden ser salvados … Y desvarían, utopistas, insensatos sin considerar las fortunas que son tiradas en espectáculos ruidosos y funestos de exaltación de la sensualidad, del Fausto exagerado, de las disipaciones, sin que se les ocurra la necesidad de la aplicación correcta de tales patrimonios en medidas preventivas saludables o socorro a las multitudes famélicas y desnudas que pululan en todas partes, pereciendo, a modo de migaja de pan, revolviéndose en la desesperación por la ausencia de una gota de luz o una insignificante contribución de misericordia.

Cada minuto en cualquier vida es, por tanto, precioso para el Espíritu en rescate bendito. ¿Cuántas resoluciones nobles, decisiones felices o actitudes desdichadas ocurren en un relámpago, imprevistamente? Penetrándose el hombre de responsabilidad y caridad, iluminado por la fe religiosa, fundada en hechos de la inmortalidad, de la comunicabilidad y de la reencarnación, abominara en definitivo la eutanasia intentando todo para cooperar con su hermano en los justos resarcimientos que la Divina Justicia le otorga para la conquista de la paz interior y de la evolución.

Extraído del libro “Después de la Tempestad”
Divaldo Pereira Franco

15
jun

Perseverad

by admin in León Denis

Hijos, perseverad en el testimonio de la fe espirita que abrazaste, ante la reviviscencia del Evangelio del Señor. No retrocedáis ante las pruebas que os son necesarias al burilado. Sustentad el valor en la lucha, conscientes de que toda conquista en los dominios del espíritu reclama esfuerzos y sacrificios continuados. Nadie asciende a las Cimas a paso de preso en la retaguardia. La Doctrina Espirita libera el pensamiento, no en tanto, aquel que procura superar la comodidad intelectual de siglos siempre encontrara oposición. Es natural, pues, que las tinieblas conspiran contra vuestros anhelos de elevación.

Los espíritus, quieran encarnados, quieran desencarnados, habituados al marasmo en que viven, habrán de pelear para desalentaros en vuestros nuevos propósitos en la existencia.

Muchos os tentaran con el inmediatismo de los placeres mundanos y con las facilidades materiales del camino.

Otros urdirán sofismas, con el intento de apartaros de los objetivos superiores que concentrasteis, en la necesidad de renovación intima.

Sin que perdáis de vista la trayectoria del Cristo, no olvidéis que la obra de redención humana dice respecto a cada espíritu en particular. La hora del testimonio es una hora solitaria.

En torno, abucheos e injurias, hostilidad e incomprensión. No es raro, amigos y compañeros permanecer a distancia, contemplando las reacciones. Con vosotros, no tendréis por ancla, en la áspera subida, otra que no sea la cruz que os pesa en los hombros.

Casi nadie os vera el llanto que se os desliza por la mejilla, confundiéndose con el sudor derramado en el cumplimiento del deber. Inevitable, la sensación de extremo abandono de los hombres, que os deben inducir al bien de la mayor confianza en Dios.

Hijos, no permutéis lo que es eterno por lo que es transitorio. Aunque bajo duros reveses, insistid en la práctica del bien a los semejantes y tomad la iniciativa del perdón, en la certeza de que el tiempo urge y que, al término de vuestra caminada sobre la tierra, no tendréis otro Cielo que no sea de la conciencia tranquila.

Espíritu Bezerra de Menezes

Carlos A. Baccelli
Extraído del libro “A coragem de fé”

26
may

En la salud, en la enfermedad

by admin in León Denis

En todas las circunstancias atiende a tu salud como prevención de la enfermedad, mediante los recursos que halles en ti mismo. Cada día existe una nueva ocasión para que contraigamos una enfermedad o para que nos curemos de nuestros males. El mejor remedio, antes que cualquier otro, es la voluntad sana, porque la voluntad débil empobrece la imaginación y la imaginación enferma debilita el cuerpo.

La enfermedad del cuerpo puede crear enfermedad para el alma, y la enfermedad del alma puede acarrearle enfermedad al cuerpo. Vida atribulada no siempre significa vida bien vivida. Dado que la existencia en nuestro entorno puede mostrarse febril y turbulenta, adopta prevenciones contra las intemperies emocionales en el clima íntimo de tu propio ser, recurriendo a la ayuda y el servicio a los menos felices con alegría, con la certeza de que el enfermero diligente conserva la integridad mental, a pesar de que conviva diariamente, con decenas de enfermos afectados: por importantes desequilibrios.

Somos parte integrante de la farmacia de nuestro prójimo. Observa las reacciones que tu presencia provoca en tu semejante y apacigua a aquellos con quienes convives, no sólo con la palabra sino incluso con la apariencia y las actitudes, pues con sólo aproximarnos cumplimos la función de tranquilizantes o excitantes de quiere está a nuestro lado, para alivio o recrudecimiento de sus padecimientos físicos y morales…

Muchas de las enfermedades nacen de la sospecha injustificada. Sé sincero contigo mismo y con tu prójimo en la apreciación de síntomas relativos a, desequilibrios orgánicos, de modo de considerar los asuntos de tal naturaleza sin alarde ni exageración. El mayor restaurador de fuerzas es la conciencia recta que calma las emociones. Si el lecho de dolor es el abrigo impuesto a tu cuerpo enfermo, ten en cuenta que la meditación es el santuario invisible para el resguardo del espíritu en dificultades, y que la plegaria reconforta y sublima las energías del alma. La enfermedad es una contingencia natural, inevitable en los seres en proceso de evolución; por, eso, esfuérzate por anular inquietudes relativas a problemas de salud física, y atiende al equilibrio orgánico confiado en la Voluntad Superior.

Espíritu Andre Luiz

Médium Francisco Cândido Xavier, WaldoVieira
Extraído del libro “El espíritu de verdad”

10
may

Mucho deseo

by admin in León Denis

Mucho deseo
Médium quiere decir “intermediario”.
“Intermediario” define la posición de aquél que se pone entre medio.
Muchos son los amigos encarnados con aspiraciones a tener contacto con las Esferas Superiores, que suelen expresar que sienten mucho deseo de ser médiums.
Numerosos son quienes se proponen instruir, escribir, hablar y materializar, dar alivio y consolar en nombre de los Mensajeros de la Luz; sin embargo no pasan de la región del “mucho deseo”.
Reflexionemos al respecto, sobre algunas escenas comunes en las que las personas descansan en ese impulso inicial.
Existe el labrador que tiene mucho deseo de sembrar, pese a ello transcurre la existencia en la discusión de teorías relativas a la agricultura, o con comentarios acerca de las plagas diversas que constituyen un flagelo del cultivo, y espera indefinidamente el instante de plantar como si la tierra debiera ir a tomar las simientes de sus manos.
Encontramos al ceramista que muestra mucho deseo de fabricar un recipiente selecto, pero consume el tiempo haciendo mención a las dificultades del material o al peligro del horno caliente, u aguarda en constante expectativa la hora de modelar, como si la arcilla estuviera obligada a ir en busca de sus dedos.
Imaginemos al trabajador que manifestara mucho deseo de cooperar en un determinado taller y que, una vez admitido allí, simplemente se ocupara de controlar la actitud y las tareas de sus jefes y compañeros, como si pudiera cumplir con su propio deber a costa de la observación sin hechos, que nadie le encomendó.
Pensemos en el alumno que llegara a la escuela con mucho deseo de aprender y que no hojeara siquiera un libro, como si el profesor pudiera clavarle la lección en la cabeza del mismo modo que alguien cuelga un cartel en un poste.
Si tu aspiración es colaborar en la obra de los Espíritus Benevolentes y Sabios, ubicado entre ellos y los hermanos encarnados, es posible que no puedas compartir de inmediato la sinfonía de las importantes realizaciones humanas, pero puedes brillar en la más elevada de todas las tareas, que se manifiesta en el concierto del bien puro, a través del consuelo, la contención, el amparo, el esclarecimiento, la educación, el amor…
Claro que para eso no basta con tener mucho deseo…
Es preciso reverenciar el servicio, ir en busca del servicio, defender el servicio y abrazar el servicio con espíritu de renuncia a favor del prójimo.
Muchos son los que dicen que harán eso mismo mañana.
En realidad, mañana es el tiempo glorioso denominado porvenir, destinado a indicar el coronamiento y la victoria, la cosecha y la alegría…
Mientras tanto, según un viejo refrán, en muchos casos “mañana es el camino que conduce a un desierto llamado nunca”.

Siembra de los Médiums. Francisco Cándido Xavier. Espíritu Emmanuel

Enviado por Rosa Pérez Duque del C. E. LEÓN DENIS

10
abr

Natural e Inevitable

by admin in León Denis

Es natural y no podía ser de otra manera.
Vive en la Tierra siendo el blanco permanente de la observación de todos, del mismo modo que un actor suplicando en el escenario de la vida.
Camina bajo la mirada de muchos conocidos, cual un peregrino que no tiene un lugar seguro donde reposar…
Incomprendido en sus mejores propósitos, representa a un pobre y abandonado presidiario que está definitivamente condenado sin ninguna posibilidad de apelar el fallo…
Considerado con frecuencia en la categoría de los locos  hasta por sus seres más queridos…
Perjudicado siempre en sus interese inmediatos, tal como si fuera automáticamente desheredado de todos los bienes…
Subestimado donde se halle, cual si fuera un irresponsable…
Soportando burlas y groserías que demuestran una antipatía hacia él sin ninguna causa aparente que la motive…
Recargado de obligaciones y sometido a las exigencias y caprichos de mucha gente, al igual que un esclavo…
Manoseado en sus sentimientos, cual si en el pecho llevase un corazón de mármol….
Perseguido en sus realizaciones y cercado por desafectos que se acrecientan sin provocarlos…
Mal interpretado por las palabras que pronuncia, tal como si fuera un extranjero manifestándose en un idioma que desconoce…
Desadaptado al lugar en el que vive y considerado como un extraño en su propio lugar natal…
Injuriado por sus puntos de vista, pareciendo ser el representante indeseable de una minoría detestable..
Herido en sus propias aspiraciones afectivas, como si nunca tuviera necesidad de cariño…
Contrariado en todos sus deseos, cual un niño vagabundo que todos lo rechazan…
Sacrificado hasta en las más mínimas adquisiciones que haga, semejando a un paria sin apoyo y sin rumbo…
Tentado a caer moralmente en cada instante, a la manera de un viajero que va por un camino lleno de peligrosos obstáculos…
Condenado al banco de los reos, sin tener culpa alguna…
Humillado sin ninguna razón, como un hombre honesto acusado injustamente de malhechor….
Cual acontecía al cristiano simple y verdadero de la era apostólica, así vivirá todo espírita sincero que aspire a la renovación de sí mismo, si realmente está consagrado a servir con Jesús por la victoria del Evangelio.

CAPITULO INCLUIDO EN EL LIBRO “OPINIÓN ESPÍRITA”, OBRA MEDIÚMNICA. ESTE CAPITULO ES DICTADO POR EL ESPÍRITU DE ANDRÉ LUIZ AL MEDIÚM WALDO VIEIRA

Enviado por Carlos Bitaubé del C. E. LEÓN DENIS

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abr

Salud Integral

by admin in León Denis

La conquista de la salud integral es la meta ambicionada por la criatura humana. Conseguir la armonía entre el equilibrio orgánico, el emocional y el psíquico, en un cuadro general de bienestar, constituye un gran desafío para la inteligencia humana que, desde hace milenios, recurre a las mas variadas y complejas experiencias, que han dado por resultado admirables y valiosas conquistas.

 

Gracias a esa labor específica, aliadas a otras de la ciencia apoyada en la tecnología, en lo que respecta al medio ambiente y a los factores destructivos de la vida humana alcanza hoy los más elevados índices de longevidad de todos los tiempos. El hombre ha conseguido eliminar de la Tierra enfermedades que el pasado diezmaban pueblos enteros, con la permanente amenaza de extinción del género humano.

La precisión en el diagnóstico y el uso de sofisticados aparatos están logrando el milagro de detectar graves enfermedades antes de su calamitosa manifestación, o durante su inicio, junto a terapéuticas avanzadas que prolongan la existencia carnal, disminuye los dolores y preservan los órganos, aunque se encuentren afectados.
Por cierto, nuevas enfermedades surgen y toman cuenta de los paisajes humanos, a pesar de ser estudiadas y combatidas sin tregua.

Instintivamente, el ser procura evitar el sufrimiento o liberarse de él valiéndose de todos los recursos imaginables. El temor al desgaste, al dolor y a la muerte se presenta insito en todos, bajo el comando de la necesidad de preservar la vida, lo cual es una bendición que evita al máximo los actos de desesperación extrema que derivan en el suicidio, ese nefasto enemigo de la trayectoria evolutiva del espíritu.

A causa de la inferioridad humana, los factores de perturbación y desorden subsisten en el área de la salud, desarrollando enfermedades desgarradoras.
A medida que la criatura se autodescubre y se autopenetra con los equipamientos del amor, constata que la salud es una conquista interior que se refleja en el cuerpo como resultado de la armonía íntima. Felizmente, la ciencia médica amplia su elenco conceptual en torno a la salud y la enfermedad, y recurre a otras disciplinas que contribuyen con eficacia al bienestar de los seres.

Las modernas comprobaciones de la Psicosomática demuestran que los fenómenos patológicos, tanto del sector psíquico como del emocional, se transfieren fácilmente hacia el orgánico, y preparan el campo para la aparición de enfermedades de variada génesis. Una vez perturbado el equilibrio energético de sustentación de las células, los factores inmunológicos se alteran bajo el bombardeo de descargas mentales destructivas, dando lugar a la instalación y el desarrollo de los agentes mortíferos que producen la degeneración del organismo.

Por esa razón, se hace imprescindible establecer una era de nueva conciencia de la responsabilidad, a fin de que, lúcido y equilibrado, el individuo defina los paradigmas de una conducta moral y mental armoniosas, para la adquisición del valioso patrimonio de la salud. Jesús, en todo el Evangelio, exalta la armonía moral y emocional de la criatura frente a la Vida, como factor esencial para su salvación: el estado de salud integral. Psicoterapeuta fuera de lo común, propuso el autoexamen a modo de receta para la adquisición de la paz, como consecuencia de las propuestas del amor a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a si mismo. Síntesis de inigualable sabiduría, el amor es la clave para el enigma salud-enfermedad.

Con posterioridad, actualizando el pensamiento del Maestro, Allan Kardec estableció en la Caridad la terapia para la paz y el modelo de aplicación apropiada para el amor. En la actualidad, diversas ciencias concuerdan con esos programas, especialmente las Psicologías Transpersonal, Transaccional y Creativa, que invitan al autoencuentro, a la liberación de los residuos mentales y morales, a la conquista del ego y la plenitud del self, del yo espiritual eterno en su inevitable proceso de crecimiento.

Con el deseo de participar de ese bendito esfuerzo desarrollado por los sacerdotes del área de la salud, presentamos al querido lector esta modesta contribución que, aunque sin innovar, pretende tender un puente entre las excelentes contribuciones del conocimiento tecnológico y las enseñanzas sabias de Jesús y Allan Kardec, para disminuir el abismo entre la Ciencia en sí misma y la Religión, a fin de que avancen unidas en beneficio de las criaturas y de la sociedad, que marchan en busca de un mañana feliz.

Esperamos que estos momentos de salud sean el pórtico para la conquista de la salud integral, y nos sentimos compensados por el placer de participar en la obra del Señor como servidores menores y devotos.

Juana de Angelis

(Extraído del libro “Momentos de Salud”, Psicografiado por Divaldo Pereira Franco)